SOBRE EL PENSAMIENTO SIMBÓLICO

Traducción de la introducción de “Symbol and the Symbolic, Ancient Egypt, Science, and the Evolution of Consciousness” de R. A. Schwaller de Lubicz, escrita por Robert Lawlor. Edición de Inner Traditions International.

Disclaimer: No soy autor de la presente obra. El presente texto es una traducción autónoma que he realizado de la edición en ingles del libro "Symbol and the Symbolic, Ancient Egypt, Science, and the Evolution of Consciousness" de R. A. Schwaller de Lubicz, de la cual tiene propiedad de derechos Autumn Press, Inc. desde 1978 y publicada por Inner Traditions International. No pretendo por medio de la publicación en esta pagina ningún beneficio económico, he realizado la traducción del siguiente texto únicamente con una finalidad pedagógica e informativa y en servicio de la comunidad. El siguiente texto es una introducción realizada por Robert Lawlor al texto de Schwaller de Lubicz.

Hay una precaución que puede ser ofrecida aquí al lector atraído por primera vez al trabajo de R. A. Schwaller de Lubicz. Schwaller de Lubicz utiliza palabras y formas de pensamiento que son particulares de nuestra mentalidad racional actual con la intención de describir, o evocar en nosotros una mentalidad completamente diferente de la nuestra; una que perteneció a los sabios del antiguo Egipto. Es por este motivo, más que por cualquier otro, que pueden surgir ante nosotros algunas dificultades durante la lectura. Generalmente, estas dos operaciones mentales complementarias pueden ser nombradas de la siguiente manera: una es la analítica (nuestra modalidad de pensamiento actual) y la otra, más antigua, analógica, pero estas palabras deben ser tomadas en un sentido más profundo que aquel asignado a ellas habitualmente en el presente. Los textos de Schwaller de Lubicz actúan entonces como una sinapsis entre dos tipos de inteligencia polares, y uno encuentra que una exposición clara, y lógica -sea arquitectónica, científica o mitológica– pronto se eleva y expande a un inmenso e interconectado campo-de-pensamiento con cualidades extra-racionales, en el que los múltiples significados simultáneos (percibidos internamente), pueden ya no estar a disposición de nuestra mente racional. Estas repentinas fluctuaciones entre nuestras dos modalidades de conocimiento primarias pueden parecer desconcertantes en una primera medida, sin embargo, si uno persiste (algunas veces incluso sin lograr asir la idea), uno puede vislumbrar una nueva relación entre el saber y el análisis puramente sensorial externo.

 

De los estudios extensivos de Schwaller de Lubicz sobre los monumentos egipcios y la escritura jeroglífica, el tema de dos tipos cualitativos de mentes diferentes que habitan la psique humana ha encontrado evidencia muy convincente en investigaciones recientes del cerebro. Experimentos realizados en individuos con daño cerebral han revelado una separación o lateralización de las funciones corticales, esto ha llevado al crecimiento de un área de investigación científica popularmente conocida como “mentalidad derecha e izquierda”[1].

La mente izquierda procesa la información de forma secuencial, el hemisferio derecho de forma simultanea, accediendo a varios estímulos paralelamente. El hemisferio izquierdo opera “en serie”; el derecho “en paralelo”. El hemisferio izquierdo es similar a un computador digital; el derecho a un computador análogo.[2]

[*] Algunos experimentos recientes con delfines nos dan un ejemplo de lo que podríamos considerar una escritura puramente sonar. En “Dragons of Eden”, Carl Sagan reporta que: “… los delfines y las ballenas, que perciben su entorno por medio de la elaborada técnica de eco-localización por sonar, también se comunican entre sí por medio de un rico y elaborado conjunto de clics, cuya interpretación hasta ahora ha eludido la comprensión humana. Una interesante idea reciente que no está siendo investigada (N del T: esto hasta la fecha de publicación del libro, recientemente se ha comprobado esta teoría en diversos estudios), sugiere que la comunicación delfín/delfín involucra una recreación del tipo de imágenes que provee el sonar de las características de los objetos que están siendo descritos. Desde esta perspectiva, un delfín no “dice” una palabra que significa “tiburón”, sino que transmite un conjunto de clics que recrean el espectro auditivo que obtendría al irradiar a un tiburón con las ondas sonoras de su sonar.  La forma básica de comunicación delfín/delfín sería entonces una especie de onomatopeya aural, un dibujo de imágenes en frecuencia auditiva –en este caso caricaturas de un tiburón.- Podríamos fácilmente imaginar que un tipo de lenguaje como este podría extenderse de lo concreto a ideas abstractas, y por medio del uso de un tipo de rebus auditivo análogo al desarrollo humano de los lenguajes escritos en los antiguos Mesopotamia y Egipto. Sería entonces también posible para los delfines, crear imágenes auditivas extraordinarias originadas en su imaginación y no necesariamente en la experiencia.”

Esta localización (en el hemisferio derecho) de los aspectos altamente intuitivos del pensamiento, junto con la capacidad de reconocimiento de patrones no verbales, es consistente con el tipo de mente dominante que según la visión de Schwaller de Lubicz, pudo haber sido la que produjo la arquitectura de los templos y la escritura jeroglífica en los antiguos egipcios. Schwaller de Lubicz creía que a través del mito, la imagen y la proporción geométrica, los egipcios eran capaces de encapsular, en su escritura y arquitectura los patrones estructurales básicos del universo natural.[3]

 

Investigaciones sobre el cerebro revelan que la habilidad musical parece estar también ubicada en el hemisferio derecho, particularmente el aspecto de reconocimiento y memoria tonal, harmónica y melódica. Estas aptitudes musicales involucran el reconocimiento de patrones auditivos que son de una naturaleza holística y a menudo simultanea, muy diferente de los procesos analíticos y verbales que están ubicados exclusivamente en el hemisferio izquierdo.  La separación de lo visual y verbal, de lo intuitivo y “sonar” tiene unas implicaciones profundas a la hora de definir la diferencia entre los tipos de conocimiento esotérico y exotérico.

 

Robert Ornstein del Instituto Neuro-psiquiátrico Langley Porter ha sugerido que durante la evolución humana reciente, nuestra sensibilidad intuitiva, no verbal del hemisferio derecho se ha visto sometida por una ola de dominancia en la actividad del desarrollo en el hemisferio analítico, izquierdo. Según Ornstein, este desbalance en la representación y comunicación intracortical puede ser una causa rudimentaria para los conflictos, desordenes y discrepancias que prevalecen en nuestras vidas intelectuales y de relaciones sociales.

 

En este breve trabajo, Schwaller de Lubicz examina el simbolismo, o mejor, el método simbólico en general, no desde el punto de vista convencional de nuestro uso de los símbolos basado en abreviaciones, designaciones o como mecanismos literarios, metafóricos, sino como un medio de transmisión de conocimiento supra-racional preciso y de visión intuitiva que él mantiene, era un aspecto fundamental de la ciencia antigua.

 

La actitud simbólica del conocimiento antiguo cultivó el intelecto al punto de favorecer la percepción de los fenómenos naturales como una especie de escritura simbólica. Dicha escritura revela las fuerzas y las leyes que gobiernan aspectos energéticos e incluso espirituales de nuestro universo.

 

La ciencia moderna, particularmente la física subatómica, según Schwaller de Lubicz, ha expandido su conocimiento de la materia, a un punto en el que la naturaleza debe ser considerada supra-racional (como algo que está por encima de los limites de los métodos y formulas racionales). Estas nuevas ideas y descubrimientos, según él, demandan un nuevo y aun inexistente vocabulario, y del mismo modo, un acercamiento radicalmente diferente a la educación y al conocimiento. Esta perspectiva ubica a Schwaller de Lubicz en oposición con algunos escritores contemporáneos como Fritjof Capra, quien, en “el Tao de la física” afirma que nosotros, por medio de nuestro método científico actual, podemos movernos directamente hacia una ciencia de la dimensión espiritual. Schwaller de Lubicz niega esta posibilidad, haciendo énfasis en que los logros de las ciencias sagradas requieren una transformación de la mente que podría alterar considerablemente nuestra relación con el conocimiento y su expresión. Es ahí, donde un entendimiento de la inteligencia jeroglífica de los antiguos puede asistir al pensamiento contemporáneo para trascender el callejón sin salida en el que nuestra percepción y metodologías racionales nos han puesto.

 

Clarifiquemos entonces las diferencias en los procesos de creación simbólica que pertenecen a ambos tipos de mentalidades, puesto que el tema que delinea este libro es un intento de encaminarnos desde nuestra manera de leer lógica y secuencial, hacia la inmediatez y al sentido de identidad a disposición en la imagen jeroglífica. Es a través del rico y exigente arreglo de la escritura jeroglífica que el pensamiento analógico es elevado de la percepción subjetiva, poética o personal, hacia un tipo de actividad de conocimiento preciso y comunicable por medio del cual es posible fundar una ciencia de la naturaleza.

 

Amplifiquemos esta comparación. Con nuestra forma de escritura presente, nosotros utilizamos grupos de símbolos abstractos formados arbitrariamente (nuestras letras alfabéticas), cada uno de los cuales transmite algún sonido y asociaciones visuales memorizadas. Somos entrenados para pensar y comunicarnos a través de estas letras alfabéticas puestas en ciertas (de nuevo memorizadas) agrupaciones, o palabras por medio de la reducción de estas convenciones abstractas en imágenes objetivas. Dicho de forma más sencilla, esto significa que cuando leemos “gato”, inmediatamente registramos la imagen formada de un gato en nuestra mente. Esta reducción habitual de una abstracción mental no objetiva a una imagen delimitada puede ser vista inicialmente como una acción centrípeta, que, posteriormente, dispersa la percepción y el conocimiento hacia una clasificación de datos desconectados. Utilizamos los números de una manera similar, moviéndonos de símbolos abstractos hacia evaluaciones cuantitativas. Pero la escritura jeroglífica funciona de forma opuesta, es decir en dirección centrifuga. La imagen, la forma, está ahí concretamente antes que nosotros, y puede, entonces, expandirse, evocando en el interior del observador preparado una totalidad compleja de nociones intuitivas abstractas o “estados de ser”, cualidades, asociaciones y relaciones que no pueden ser descritas o definidas sino solo experimentadas (experienciadas). Una sensación centralizadora de unificación, resulta posteriormente de este movimiento expansivo hacia el interior de la mente. Un método de ver es requerido, uno comparable a nuestra facultad de escucha: uno debe aprender a escuchar la imagen simbólica, permitiéndole entrar e impregnar la conciencia, del mismo modo en que lo haría un tono musical que resuene directamente con el ser interior, sin impedimentos de la mentalidad superficial.  En este momento de identificación interior entre el intelecto y el aspecto del mundo tangible evocado por el símbolo, tenemos la oportunidad de vivir este conocimiento[*]. “Por medio del uso del método simbólico hierático, el objetivo es, ya no la traducción de las cosas a términos sensoriales, sino ponernos en el estado ‘mágicamente’ idéntico del objeto símbolo, de tal manera que nos hagamos pesados con la cualidad de peso, que nos hagamos rojos con la cualidad de ‘rojez’ y que ardamos con la cualidad del fuego.”[4]

 

Estos dos procesos mentales, luego invierten la secuencia de movimientos centrífugos y centrípetos. El modo analítico primero reduce las abstracciones a imágenes definidas, seguido de una proliferación de datos desconectados. El modo analógico, por otro lado, primero expande desde la imagen hacia asociaciones de largo alcance, luego unifica hacia el interior. Lao-Tzu, quien también vivió en una época jeroglífica, expresó este “juego” de la siguiente forma: “Para poder expandir, uno debe primero contraer; Para poder contraer, uno debe primero expandir”.

 

La mente analítica, que proyecta hacia el exterior, que se aferra a objetivaciones fijas y cuantificadas por medio de relaciones dependientes de una lógica ecuacional, era también conocida por los pensadores de la antigüedad, pero parece haberse presentado un gran esfuerzo por restringir su uso. En el Tratado de las Iniciaciones, atribuido a Hermes Trimegistro, encontramos un dialogo entre Hermes y el iniciado Asklepio que pregunta:

Asklepio: Entonces, no todos los humanos son igualmente conscientes Trimegistro?

Hermes: Todos, Asklepio, no tienen la inteligencia verdadera. Son engañados cuando se llevan a sí mismos a ser jalados hacia la imagen de las cosas, sin buscar el verdadero motivo en ellas. Es así que el mal se produce en el ser humano; y que la primera de todas las criaturas se degrada a sí misma casi al nivel de los brutos.[5]

En una frase este texto hermético revela esta inteligencia (que la sociedad occidental ha exagerado y de la cual se ha vuelto dependiente) como el origen del mal en el mundo – “mal” entendido aquí como desorden, desarmonía, y oscuridad existiendo entre la humanidad, la naturaleza y el concepto de Dios (désele el nombre que se prefiera)-.

 

Obviamente, un entrenamiento especial es requerido para practicar el método simbólico; aún más una reorientación y reeducación intencional de la mente es necesaria para que la humanidad progrese en dirección hacia una consciencia expandida requerida por nuestra evolución. La necesidad de este crecimiento de la consciencia es impuesto en el presente por la crisis y confusión existente en todas las esferas de nuestras vida –moral, filosófica, medio ambiental, científica, etc.- El primer paso hacia la transformación de nuestra inteligencia es el de especificar exactamente los peligros, las limitaciones y las dificultades que se hallan en nuestros métodos actuales; el segundo paso, es buscar y entender de manera precisa técnicas de pensamiento practicadas en épocas anteriores y que ofrecen una integración del cuerpo la mente y el espíritu más rica. El entendimiento de Schwaller de Lubicz del método simbólico Egipcio puede ofrecernos asistencia en esta urgencia de transformación.

 

En conclusión, puede resultar de utilidad ofrecer un ejemplo de una lectura jeroglífica, extraída de otro trabajo de Schwaller de Lubicz, en la que él amplifica los conceptos esenciales presentados aquí.[6] Debería notarse primero que no todos los jeroglíficos eran representaciones claras de especies de animales, objetos, o plantas particulares. A menudo una imagen podía contener una colección de partes extraídas de diversas especies (la cabeza de un león con el cuerpo de una mujer por ejemplo, o el cuerpo de una perdiz con la cabeza y las alas de un pato). En esta medida la imagen como una totalidad puede manifestar combinaciones sutiles e intercambios que suceden en la actividad energética del juego de la naturaleza. Pero debemos conformarnos aquí con la simple imagen de un chacal y observar la manera como la imagen se expande en una multitud de niveles y asociaciones de largo alcance.

 

En las civilizaciones como la del antiguo Egipto, aquello a lo que en nuestra prepotencia llamamos “adoración animal” primitiva (o paganismo), nunca fue realmente una adoración del animal en si mismo, sino una consagración hecha a la función vital a la que un animal particular encarnaba. No era, en realidad, una ”adoración”; era un tipo de meditación usada para soportar y clarificar una función esencial de la naturaleza, es decir a un Neter, una deidad. Los Egipcios veían al chacal como una encarnación de ciertas características, funciones y procesos de la naturaleza universal. El chacal, es un animal que suele desgarrar la carne de su presa en pedazos, que luego entierra y no se come hasta que se pudren. Este comportamiento real observado en el animal, se convierte en un símbolo para un tipo de proceso metafísico y físico: la digestión. La digestión es uno de múltiples procesos universales que todas las formas que nacen en la naturaleza deben atravesar (otras incluyen el crecimiento, la asimilación, la coagulación, la descomposición, la transformación, etc.). El saber egipcio nos enseña que ningún ser o forma puede comenzar los procesos que llevan al renacimiento antes que la forma o el “sobre” corporal se haya desintegrado. El Neter con cabeza de chacal, Anubis, es representado siempre guiando al alma del muerto hacia las etapas iniciales de los reinos inferiores del “Dwat” o mundo de las transformaciones. En la momificación, los órganos de los muertos eran removidos, deshidratados y puestos en el interior de urnas. La urna que contenía los intestinos tenía la forma de un chacal. El intestino también sirve a la función de la digestión de la comida que ya ha sido procesada en el estomago. El chacal también transforma la carne putrefacta en alimento dador de vida. “Lo que sería venenoso para la mayoría de las criaturas, para él es una substancia que da vida a través de la transformación de los elementos que son transmutados por esta descomposición.”[7]

 

El Chacal es también un símbolo del juicio: es llamado “el Juez” porque al comer, lleva a cabo un tipo de discernimiento preciso, intuitivo, al separar los elementos capaces de transformar y proveer una evolución futura, de los elementos que ya son intransmutables en el ciclo presente.

 

La digestión es un proceso destructivo: es un análisis, una descomposición de las formas materiales en sus elementos compositivos. Nuestra mente analítica es en su función el “chacal”. No solo analizamos o descomponemos nuestra sociedad a medida que avanza, sino que nuestra mente analítica, separadora, es la fuerza misma que la está destruyendo. Nosotros estamos desintegrando no solo los átomos de la materia, sino también nuestras instituciones sociales, las características de nuestra propia constitución psicológica y de nuestro bienestar físico, e incluso otras formas como la religión y las enseñanzas espirituales de diversas culturas. Pero tal vez, estamos llevando a cabo esta aparente profanación en harmonía con las leyes de la naturaleza, en tanto que la muerte de lo viejo da vida a lo nuevo. El chacal, sin embargo, sabe de forma innata que el análisis destructivo debe ser detenido en el momento justo. Él debe desenterrar los bocados en el momento preciso, de otra forma, los pedazos de carne –o estas fases en la vida colectiva de la humanidad- pueden volverse indigeribles, pasando a un estado intransmutable, de disociación o caos; entonces, la posibilidad de un ciclo de renacimiento de una comunidad, de la muerte a la nueva vida podría perderse. El sabio egipcio nos diría que debemos rendir culto a la función “chacal” en nosotros y encontrar en ella, a través de la identificación, la sincronización precisa y las leyes aplicables en el delicado proceso de transmutación de nuestra época.

 

Investigaciones sobre el cerebro moderno sugieren que la separación de las funciones intelectuales es el resultado de nuestro pasado evolutivo, y ofrece razones simbólicas posibles para el uso de estas curiosas imágenes animales en el arte antiguo, la mitología y los jeroglíficos. Si traemos la teoría de Schwaller de Lubicz a los términos de la psicología moderna, podemos decir que este imaginario es en realidad un lenguaje analógico que representa niveles de información somática derivada de las experiencias evolutivas que han sido inscritas en la neurofisiología y morfología de nuestro cerebro. Esto trae su estudio del simbolismo antiguo en sincronicidad con los recientes descubrimientos del investigador del cerebro Paul D. MacLean. MacLean ha propuesto que la división anatómica tripartita del cerebro separada en romboencéfalo, mesencéfalo y corteza cerebral ilustra las diversas funciones que se desarrollaron durante fases sucesivas de nuestra evolución: el romboencéfalo (compuesto por el tronco, la medula y el cerebelo), que controla las reacciones automáticas y autónomas, particularmente aquellas relacionadas con los mecanismos territoriales de supervivencia y agresión, evolucionó durante nuestra etapa reptil. El mesencéfalo (que según la categorización de MacLean incluye el sistema límbico y la estructura superior del tronco encefálico), que contiene las glándulas endocrinas cranianas encargadas del control del desarrollo sexual, el sueño, los sueños, las pasiones, el placer y el dolor, las emociones, la ansiedad y la función de retención visual mental, se desarrolló durante nuestra etapa mamífera temprana. Y finalmente la corteza cerebral, que se desarrolló al final de nuestro proceso evolutivo y que se encarga del control de nuestras actividades conscientes: la razón, la acción voluntaria, el análisis, la lógica, los cálculos y los movimientos voluntarios. Cada una de las estructuras cerebrales nuevas creció como una especie de cubierta periférica contenedora de los componentes cerebrales anteriores. Debajo de la corteza cerebral, las otras dos partes, más antiguas, siguen actuando del mismo modo en que lo hacían en nuestros ancestros más remotos.

Notas:

[1] N de T: “Left and right midedness”

[2] Carl Sagan, “The Dragons of Eden”, (New York, Random House) p. 169

[3] Ver R. A. Schwaller de Lubicz, “The Temple in Man” (Inner Traditions, 1981) y “Le Temple de l’Homme (Paris, Dervy Livres, 1977)

[4] R. A. Schwaller de Lubicz, “The Intelligence of the Heart”, conferencia ofrecida en 1956 en el Congres des Symbolistes, en Paris. Traducido al ingles por Nancy Pearson, Publicado en Parábola, vol. 2, 3publicacion, 1977.

[5] Hermes Mercurius Trismegistus, “La Virgen del Mundo”, traducido por A. Kingsford y E. Maitland, 1885 (reimpreso por Wizard’s Bookshelf, Minneapolis 1977) p. 52. La doctrina Hermética, una fuente primordial del misticismo cristiano antiguo y de la alquimia medieval, tiene también paralelos importantes con la Kabbalah hebrea y griega y con la tradición védica de la India.

[6] Sacred Science, the King of Pharaonic Theocracy (New York, Inner Traditions, 1982).

[7] Isha Schwaller de Lubicz, “HerBak”, (New York, Inner Traditions, 1979)

[8] Carl Sagan, op. cit., p. 55.

[9] N del T: traduje “Awareness” como atención, aunque tiene un sentido particular en ingles que no es posible traducir con exactitud al español. Puede ser entendido como una mezcla de “conocimiento” y “atención” conjuntas de algo en particular.

[10] Carl Sagan, op. cit. p. 234.

N del T: esta paz a la que C. Sagan se refiere, es lo que tradicionalmente se conoce como el equilibrio de las capacidades cerebrales, que inevitablemente se vería reflejado en circunstancias sociales si fuera posible conseguirlo en un grupo extendido de individuos.

“El cerebro humano”, sostiene MacLean, “suma un total de tres computadores biológicos interconectados,” Cada uno con su propia inteligencia, su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y el espacio, y su propia memoria y función motora. Cada cerebro corresponde a un paso evolutivo importante. Los tres cerebros suelen ser diferenciados neuroanatomica y funcionalmente, y contienen distribuciones de los neuroquímicos dopamina y colinesterasa totalmente diferentes.[8]

Con este nuevo agregado científico, podemos entender con mayor facilidad la exposición de Schwaller de Lubicz de que los símbolos animistas de deidades con cabezas de animales, pájaros y reptiles eran métodos para evocar cualidades particulares de fases de atención[9] en el continuo-evolutivo de la consciencia humana. O, como Carl Sagan propone “… el sello de calidad de una civilización exitosa de prolongada existencia, puede ser la habilidad para lograr una paz duradera entre los diversos componentes cerebrales.”[10] Y como Schwaller de Lubicz indica, Egipto, y otras culturas enraizadas en el método simbólico, estaban de hecho, a través de los símbolos, educando la estructura neurológica del cerebro para mantener una conexión consciente activa no solo entre los hemisferios de la corteza cerebral, sino también en conjunto con los impulsos y la información subliminal recibida desde los más profundos y antiguos cerebros límbico y reptil, de tal manera que estos aspectos de la naturaleza pudieran ser integrados en la actividad de razonamiento de la mente.

 

Existe evidencia experimental que sugiere que contenidos en nuestro cerebro tenemos vestigios funcionales de nuestras mentes corporales más distantes. Schwaller de Lubicz sugiere que debemos pensar en estos vestigios no solo como impulsos animales o aspectos inconscientes en bruto de nuestra consciencia, sino también como una inteligencia instintiva de las leyes de la naturaleza, que nuestra experiencia mamífera y reptil han dejado en nuestra memoria. En vez de reprimir e ignorar la totalidad de nuestra evolución, ¿no deberíamos, tal vez, buscar métodos para incorporar el vasto contenido simbólico de estos cerebros antiguos en nuestra inteligencia presente?

 

Entonces, el símbolo es un tipo de manifestación formal de cualidades y funciones inmateriales. Es una objetivación de cosas subjetivas en nosotros y de naturaleza subliminal, que nos despiertan hacia una percepción del mundo que podría hacernos conscientes de un conocimiento contenido en nuestra memoria genética y en nuestra alma.

 

Hay muchos que han previsto los grandiosos avances espirituales e intelectuales hacia los cuales la humanidad está proyectada en este momento Pero en el trabajo de Schwaller de Lubicz se nos ofrece una dirección, no hacia el abandono de las facultades racionales por el éxtasis yoguico, sino hacia una integración de ello con una inteligencia innata y más elevada. Esta dirección consiste en “técnicas de pensamiento” como las leyes de “cruce” e “inversión”, la aplicación de los principios de “momento presente” y de la “simultaneidad de los opuestos”, así mismo como una percepción espiritual de las ciencias matemáticas. Todo esto requiere una utilización de los símbolos aun no formulada, que puede sintetizar los dos modos complementarios de nuestra inteligencia, y así mismo estimular y eventualmente dar expresión a este impedido crecimiento en la consciencia.

Texto original: Robert Lawlor

Traducción al español: Matías Quintero Sepúlveda

Jill Bolte, Mentalidad de hemisferio izquierdo y derecho. Charla de Ted Talks de la Neuro-anatomista Jill Bolte sobre una anécdota suya de como vivió la experiencia de la mente del hemisferio derecho.