QUITO LOS VELOS

PRIMER VELO

1. AESCH MEZAREPH

Un día, me desperté tarde para ir al colegio, a causa de eso me vestí de afán sin bañarme ni desayunar y cuando fui a despedirme, noté la ausencia de la chapa en la puerta de su habitación; corrí asustado a la caja de herramientas, y a mis ocho años de edad me las ingenié para abrir con unos alicates una puerta sin chapa. Cuando la abrí emanó de la habitación una densa atmósfera de olor a alcohol, a aliento rancio: mientras la puerta se corría hacia adentro vi una pintura extremadamente colorida apareciendo ante mis ojos… Todavía es muy vívida. La habitación era blanca con unas paredes altísimas y unas manchas cálidas rectangulares producidas por la entrada del sol a través de la ventana; directamente al frente de la puerta estaba un pequeño televisor gris a blanco y negro apagado. El televisor estaba puesto sobre una mesa de madera y detrás de ella había una pared separando mi cuarto de ese; a la derecha, la habitación se extendía hacia el límite de la casa en un espacio largo con un piso de madera viejo y ruidoso. En el fondo de la habitación había una cama doble con una mesa de noche a cada lado, las dos mesas eran de madera de un color amarillo ocre lacado; en ellas había unas pequeñas lamparitas, y en la de la derecha un despertador y una botella de aguardiente. La cama estaba cubierta con una cobija de lana muy gruesa, de unos colores rojos y naranjas muy fuertes. Poco a poco me acerqué a la cama… y caminando lentamente, noté mi incapacidad para comprender la figura adentro de esa cobija de colores: lo único entendible para mí era lo inmóvil de esa figura, estaba completamente tiesa. Cuando estuve lo suficientemente cerca para divisar la cara de una mujer, la llamé para decirle adiós pero ella no respondió, me acerqué más para despertarla con mis manos pero me di cuenta de su desnudez, al voltear mi cabeza hacia el otro lado de la cama logré diferenciar un cuerpo masculino, nunca había visto ese pelo canoso en mi vida. En ese momento lo comprendí todo… Había un hombre en esa cama, pero yo no entendía por qué… si yo era el hombre de la casa. Un dolor inmenso me invadió el pecho y mi corazón se aceleró. Empecé a sentir mucha rabia y odio y un inmenso asco y repulsión por ella, no quería hablarle pero sí quería hacerla saber de mi presencia en ese lugar. Le moví la cara bruscamente y cuando por fin reaccionó le dije adiós, ella balbuceó algunas palabras incomprensibles y con mucho dolor me fui a esperar la ruta de mi colegio. Recuerdo haberme sentido muy enfermo todo el día, con asco y con un malestar en el estómago constante. Cuando regresé a mi casa no quería hablarle y por eso me limité a decir lo mínimo. Unos días después el hombre regresó a la casa y se disculpó regalándome un trompo… y yo lo acepté.

Cuando tenía unos nueve o diez años. El colegio nos llevó a mis compañeros y a mí a una exposición de un artista muy importante. Para mí esa exposición fue tan sólo un pretexto para no ir a clases, y eso fue lo mejor. En la exposición había principalmente pinturas, en ellas había representados paraguas, ganchos de ropa, algunas prendas y unos tableros de tiza iguales a los de mi colegio; Durante el recorrido estaba convencido de lo deprimente del arte mientras comentaba la “simpleza” de esos tableros con mis compañeros pues hasta yo podría hacerlos tan sólo escribiendo y borrando en uno de los del colegio, pero esa era la opinión de un niño seguro de la “incapacidad técnica” de Picasso. No fue sino hasta el 2012 cuando comprendí la importancia de esa exposición para mí. Ese año el artista dio un conversatorio que convergió con un texto sobre el cual estaba trabajando yo en ese momento, coincidencialmente mi texto estaba relacionado con su obra. Mientras escribía, recordé la excursión del colegio y me di cuenta de su importancia. En ese momento lo comprendí: esa exposición fue una de las causas mucho tiempo después de la detonación de mi decisión de ser artista. Esta convicción tan fuerte y romántica, este vínculo amoroso entre el arte y yo, y la seguridad al hablar de mi obra y de mí como un artista fueron incentivados inconscientemente por esa exposición. Simultáneamente mi madre siempre me mantuvo cerca al olor de la trementina y el aceite de linaza… Cuando era pequeño siempre estuve rodeado de pintores y escultores en mi casa. Aun hoy me produce un sentimiento de sublimidad entrar a un cuarto habitado por pinturas, en especial si huele a linaza con trementina y tabaco.

2. FAMILIA

He tenido muchos amigos, con algunos ya no hablo mucho pues no hay mucho tema para hablar con ellos estos días. No planeo hablar de los viejos, sólo de los más cercanos actualmente. Uno de mis amigos más queridos en este momento es Egon: no para de sorprenderme cuánto nos parecemos. Él dedicó la mayor parte de su tiempo a autorretratarse y yo he hecho mucho eso desde antes de conocerlo: por mucho tiempo me estuve cuestionando sobre las razones por las cuales lo hacía, y muchas veces me preocupaba pensar en la posibilidad de estar haciéndolo por un simple enamoramiento superficial de mi imagen. Con Egon sin embargo comprendí algo fundamental: el autorretrato no es un ejercicio narcisista, es un acto de exploración y búsqueda de otro o varios habitantes del cuerpo habitado por “yo”, es una búsqueda por un indicio de su presencia en el rostro compartido por ambos, esa fue mi búsqueda inconsciente por mucho tiempo. Hasta el día de hoy no he podido descubrir al otro, o los otros habitantes de mi rostro, por eso lo sé… esa búsqueda no ha terminado. 

Bob no deja de sorprenderme, su comprensión del material y su forma de convertir un objeto en pintura y una pintura en escultura es algo increíble. Su obra a mí me habla de materia, de transmutación, de vida y de muerte: de expandir lo pictórico y pasar por encima de los ilusos creyentes del ocaso de la pintura, de aprovechar los recursos más económicos y al alcance de mis manos. Me sorprende su lucidez, esa capacidad de convertir un pedazo de “basura” en un objeto lleno de significado y sentido, la forma como coge cosas de diferentes lugares y momentos y las ensambla en una especie de pintura escultórica. Siempre tengo presente la cabra, el pájaro y la cama, son mis tres favoritas. Yo por mi parte estoy haciendo el ejercicio de recoger muchos de mis materiales de la calle y la basura, he encontrado unas cosas alucinantes. Una de las cosas más importantes de Bob es su comprensión de las manifestaciones inconscientes en la vida cotidiana y la capacidad de pintar y esculpir incluso en las condiciones económicas más difíciles. Ahora pienso también en los jeroglíficos, en los códigos simbólicos creados por él con los objetos y los colores, me siento muy cercano a Bob en eso.

Hace poco conocí a un nuevo amigo, él y yo nos estamos conociendo hasta ahora pero me fascina su forma de hablar, la capacidad de codificar simbólicamente sus palabras, de inventar nuevos símbolos que adquieren significado de una forma paranoica en relación al resto de la historia del arte. Su capacidad de materializar los sueños… es algo muy tibetano. Su devenir serpiente, el poder de dejar su piel en un papel o incluso de convertir un papel en su piel. Hablar con él ha sido muy difícil por el grado de codificación de su lenguaje, pero eso lo hace más interesante, es como escuchar un haiku2 de un maestro zen, lo obliga a uno a “no entender” para entender realmente. No dejan de sorprenderme sus pinturas blancas, pero en especial las “Dianas”, esos extraños círculos, unos adentro de otros, todos compartiendo el mismo centro; algunos acompañados de extremidades humanas, de esculturas desmembradas. Los objetos en sus cuadros y la forma como los integra de una forma sutil, la escoba por ejemplo me encanta, me recuerda a las de las brujas, el vuelo chamánico, la muerte temporal. 

Últimamente me ha afectado mucho un cuadro de Egon, “Madre muerta”. Es sencillamente la representación misma del ciclo vital, es esa madre saturnal representada por mí en algún momento. Lo más atractivo de ese cuadro es la forma de representación, es una imagen hermosa, una madre muerta abrazando a su hijo en una posición aparentemente similar a un vientre. Pero además está la carne… eso es lo mejor de Egon… la carne. Eso me hace falta a mí. Es como si la muerte fuera la madre del hijo, de la vida.

Joseph!!! Mi amigo chamán… Él sí sabe de materia, de la fuerza de cada material, de la importancia de velar y de la esencia elemental habitante de cada objeto y substancia. Él es mi amigo loquito, muchos lo tildaron de charlatán en algún momento. No comparto su necesidad por lo social y lo político y por eso preferimos no hablar de eso para evitar acabar discutiendo, y cuando no lo puede evitar simplemente lo escucho y trato de sacar de él lo más importante. Tiene una forma sorprendente de borrar los límites entre arte y ciencia o política. El arte simplemente no se puede convertir en una ilustración de un noticiero o un periódico, pero él sí sabe cómo mezclar esas cosas sin hacerlo obvio. Joseph posee un don sobre cualquier otro artista, él, sobre todos los demás tiene la capacidad de observar con los ojos cerrados. A veces pienso que él no ve el material en sí, sino algo adentro de cada cosa, como si viera el alma de la materia, el elemental habitante de las cosas, cómo si viera la realidad más allá de la ilusión física. Poco a poco me ha enseñado a observar.

Me encanta el ajedrez, tengo un amigo con el cual comparto muchas cosas. Por mucho tiempo lo odié y hablé mal de él. Hasta hace no mucho tiempo yo lo culpaba por haber sido uno de los causantes de la mala calidad del arte de ahora. Luego, me di cuenta de mi error, me di cuenta de quién es realmente y lo mucho compartido por ambos. Un día me contó sobre su forma de ver a los artistas; para él existen diversos tipos de artistas pero de todos ellos sólo un poco es digno de ser discutido y atesorado en la historia. Me dijo: algunos artistas son una especie de médiums-místicos, y en la mayoría de los casos estos artistas no son conscientes de las decisiones tomadas en sus obras. En muchos casos un acto artístico se da por pura intuición, y por esto las acciones artísticas no pueden ser habladas o escritas o en muchos casos ni siquiera pensadas. Fue él quien me explicó mejor la relación entre el espectador y mi obra, me habló de un diálogo entre el espectador y yo, me dijo: un acto creativo no es puesto en acción únicamente por ti, un observador tiene el deber de activar tu obra descifrándola e interpretándola en su superficie y hasta en sus cualidades internas; así se cierra el círculo del acto creativo y se lleva a la cabeza del dragón hasta la cola. Gracias a esa charla sobre el acto creativo, ahora lo entiendo más y entiendo mejor mi arte, entiendo mejor sus obras también: su grán vidrio, sus espirales, sus pinturas, etc. Realmente admiro su capacidad para trabajar de una forma paranoica, intuitiva sin tanto decorado teórico y filosófico, sin tanta disculpa y sin tanta justificación vana e innecesaria.

3. UMBRA

Hay una escena fascinante, en ella se cuenta la historia de un loco. La historia cuenta que el hombre estaba poseído por una legión de demonios. “Y preguntó Jesús al hombre: ¿Cómo te llamas? Y el hombre respondió: Mi nombre es Legión porque somos muchos”. Yo he interpretado esa historia; el hombre no estaba poseído, él sufría un fuerte trastorno de identidad múltiple. Todos padecemos eso en diferentes grados. Luego de haber dado su nombre a Jesús, Jesús despojó al hombre de sus identidades, lo hizo “normal”, y en el acto asesinó como a dos mil cerdos, los nuevos recipientes de los “demonios”.

Mientras pintaba un retrato de mi madre un poco tenebrosa cargando a un bebé en sus brazos, me entraron unas inmensas ganas de pintar el “Saturno” de Goya. Cuando estaba terminando el cuadro, observé un espacio negro muy grande y muy incómodo para mí. Sin saber lo había dejado para poder pintar el “Saturno” allí. El “Saturno” de Goya no ha dejado de afectarme y resonarme en la cabeza constantemente: no se aleja de mi mente sino por ratos y luego re aparece. Sin pensarlo lo empecé a pintar cómo siempre lo vi, cómo una roca con forma de bruja comiéndose a un hombre. Ese día entendí algo siniestro. Hasta ese momento Saturno siempre había sido representado erróneamente. Saturno es una mujer y no un hombre. Saturno es una madre y no un padre. Saturno es quien posee el paraíso y la puerta del paraíso en su vientre y en su vagina. El vientre es el paraíso y al ser expulsado de ahí el ser humano está condenado a morir. Saturno es quien da la vida y quien la quita, al hacernos materia nos condenamos a la muerte inevitable. El nacimiento mismo es la primera muerte sufrida por el ser humano, es después cuando nos diferenciamos, nos identificamos, nos convertimos en cuerpo, en género, en nombre, en algo efímero. Cómo Adán y Eva, todos somos desterrados del Paraíso y debemos atravesar el portal de la mortalidad para poder “regresar” al Todo algún día.

Igual a la de Saturno, la historia de Edipo también ha sido mal interpretada. Edipo no se sacó los ojos, no tuvo el tiempo de hacerlo; Asesinó a su madre, lo hizo de una forma vil con mucho odio, fue una muerte carnal, fue un asesinato a daga y no fueron pocas las puñaladas pero hubo una, la ultima, esa fue la más dolorosa, olvidó toda la piedad del ser humano y la obligo a despertar mientras la asesinaba. La estocada final fue clavada mientras Yocasta veía a los ojos a su hijo, algunos han dicho sobre Edipo que él se sacó los ojos, Edipo sin ojos es un velo para lo doloroso de la escena: hijo y madre mirándose a los ojos mientras uno mata a la otra obligándola a mirar. Edipo nunca logro borrar de su memoria la mirada de su madre ese día. Yocasta murió lenta y agonizantemente dejando muy pocos rastros de su vida. No pudo cumplir su ciclo y por eso dejó un vacío. El momento fue muy cruel, Edipo ni siquiera le dio entierro, le daba asco tocarla, por eso la dejo sepultada en esa cama en la habitación donde su cuerpo se desangró.

Adán y Eva son inevitables, en especial cuando se ha crecido en una familia católica. Me parece fascinante la imagen del árbol y la culebra, y estos dos parados debajo de dos de los arquetipos más reiterativos en las diferentes culturas de la humanidad. Cuando veo un bejuco de yagé5 siempre pienso en la culebra, no deja de parecerme asombrosa la forma serpenteante, ascendente del bejuco en un árbol. El yagé le permite al ser humano ver cosas con los ojos cerrados, cosas invisibles para el ojo corporal, el yagé da conocimiento… primero lo eleva y luego lo aterriza a uno, a veces uno muere y luego renace. 

Cuando pienso en eso me acuerdo de Terrence McKenna y su teoría de la evolución. A veces eso me pone a pensar en la posibilidad de que el fruto contuviera alguna substancia alteradora o creadora de consciencia: en varias representaciones de esa escena en iglesias aparecen en vez de árboles unas plantas extrañas parecidas a mandrágoras y a daturas o incluso a hongos. Sin embargo, hay una gran diferencia entre la serpiente del paraíso y la de la tierra habitada por nosotros. Una es el reflejo de la otra por lo tanto son opuestas. Una generaba conocimiento “científico”, la otra conecta al ser humano con el Todo. 

SEGUNDO VELO

4. ROTA, LA MONTAÑA

Primero fue la brujería, mi búsqueda comenzó con un libro en específico: “La bruja” de Jules Michelet. Siempre me resultó fascinante la estética de lo oscuro de lo oculto, nunca olvidaré un 31 de octubre cuando mi madre se disfrazó de bruja y toda mi familia se puso de acuerdo para asustarme. Yo tenía unos 4 años y recuerdo a esa bruja como uno de mis recuerdos más espeluznantes pero a la vez más vividos de mi infancia. Luego del susto, me enfrasqué en un llanto profundo mientras mis primos se reían de mi inocencia. Durante mucho tiempo asegure de mi madre que era una bruja.

Jules me dio un recorrido muy detallado de la historia de la brujería y de todas las causas y consecuencias de su historia, pero lo más hermoso de sus palabras es la capacidad de no desmitificar en ningún momento a las brujas ni los mitos creados en torno a ellas. Toda la historia de la brujería escrita por Jules es contada desde la voz de las brujas, desde los ojos de un niño… ese niño nunca dejó de creer en ellas.

He estudiado algunas cosas, por mucho tiempo me dedique a leer y releer, a sumergirme en todos los textos posibles de adquirir sobre esos temas. He leído tratados, novelas, teogonías, historias y en general todo tipo de libros. Luego de un par de años aprendiendo los términos, descifrando las imágenes, apropiándome de las teorías comprendí algo: nunca entendería realmente nada sino llevaba eso a la práctica. Empecé a sentirme desubicado, como si hubiera llegado a uno de esos caminos sin salida tantas veces comentados por los antiguos alquimistas, como si hubiera tomado un sendero equivocado en el laberinto, empecé a dudar de mi obra y llegué a sentir una incapacidad para desarrollarla. Por un momento de mi vida me sentí como un profano, como uno de esos no merecedores del verdadero conocimiento… pero adentro de mí siempre hubo un impulso, un fuego… algo me impulsaba a seguir buscando.

5. HEFESTO

Desde pequeño siempre fui muy curioso, me encantaba desbaratar mis juguetes y entender cómo funcionaban, luego volver a armarlos y si me resultaba imposible los guardaba desarmados con la esperanza de algún día utilizar sus componentes. A mi padre le encantaba enseñarme sobre electrónica, una navidad me regaló una caja de herramientas, ese día supe sobre su apoyo y sobre cuánto le gustaba mi personalidad inquieta y curiosa. A mi padre le encantaba hacer experimentos junto a mí, fue así: jugando, como adquirí una gran cantidad de conocimiento sobre diferentes cosas; ahora me resultan inmensamente útiles.

Mi primer experimento con la materia fue antes de mi primera experiencia enteogénica. Por alguna razón en ese momento tenía un montón de mandrágora americana. Con mi padre aprendí sobre el alambre de cobre y la gran cantidad de usos dados a él, sus cualidades magnéticas, de resistencia, de conductividad, etc. Mi trabajo fue unir una por una cientos de raíces de mandrágora americana uniendo punta con punta entorchando alambre de cobre para sujetarlas. Logré hacer una raíz muy larga, una raíz enteogénica, una raíz eléctrica conductora de energía, conductora del Todo. La pieza terminada no tenía principio ni fin, era un circuito infinito: estaba conectada a una toma eléctrica, llevaba la energía hacia un núcleo donde había un enredo de mandrágora y alambre para luego ascender y llevar la energía hacia una varilla de hierro enterrada en un bloque de tierra, ahí la energía entraba a la tierra en un movimiento serpenteante, descendente. La energía no tiene principio ni fin, por eso podría simplemente propagarse y luego de algunos eones regresar a la misma toma por donde había transitado antes.

En la misma muestra había una serie de relaciones simbólicas matéricas interactuando en el mismo espacio. Había un bejuco de yagué conectado a un alambre de cobre ascendente apuntando hacia el cielo y una serie de ramificaciones de alambre de cobre descendiendo como raíces o caminos hacia la tierra, en el centro del circuito estaba el bejuco. Había también un fruto abierto de datura puesto en una roseta de bombillo, ella hacía alusión a la luz. Por otro lado había unos aviones de papel sobre unas bases de acero inoxidable, los aviones cargaban semillas de datura, las mismas utilizadas por las brujas para hacer sus pomadas.

El cobre es una de mis materias favoritas, me encanta el color, su capacidad de conducción y su fácil adquisición siendo un metal semi-precioso. Lo he utilizado de diversas formas; he tenido el placer de fundirlo y verlo en estado líquido, es una experiencia metafísica hacer de un metal un líquido: las formas adoptadas por el fuego en el proceso, el color, el olor, y el sonido; una vez mientras fundía cobre alguien me dijo: Trabajar con cobre te limpia los pulmones. A veces pienso: muchas de las cosas hechas por mí las hago por necesidad, sin embargo nunca estoy seguro de porqué las hago. El cobre es el metal de venus, de la madre. He utilizado además madera como molde para crear formas orgánicas con ese metal, el resultado son formas como de corales marinos, un acabado perfectamente pulido e incrustaciones de carbón en cada pieza. He aprendido con el tiempo a diferenciar los colores del cobre dependiendo de la temperatura. Algunos colores me indican el tiempo faltante para la dilución, algunos otros me avisan el color resultante cuando se enfríe. Cuando se enfría de una manera muy lenta, el cobre queda negro, carbonizado y volver a fundirlo se hace más difícil, además se pierde cierta cantidad de material, se hace una especie de nata de carbón, esta no se derrite, sólo sale volando como un pedazo de periódico quemado. El color de la llama es indispensable para lograr derretir el cobre bien, rápido y sin desperdicios.

Me encanta acelerar el proceso natural de oxidación del cobre, realmente no es difícil pero es peligroso y eso le da más valor a mi trabajo. Me parece sorprendente poder pintar el cobre de color verde siendo la pintura un resultado natural de un proceso de muerte del material pintado. La malaquita es una piedra semi-preciosa creada a partir del proceso natural de oxidación del cobre, se da por la necesidad natural de los metales de volver al estado “prima”8. La materia se transforma, la energía se recicla. La malaquita es un mineral que posee múltiples cualidades curativas.

Utilizo mucho la madera, me gusta en especial pues tiene la facultad de convertirse en algo de utilidad sin importar su condición, no se desperdicia nada. La madera se convierte en herramienta, en utensilio, en mueble, luego en combustible, en energía viva, en calor, pero además quita la vida de una forma violenta. El fuego le permite al ser humano transmutar9, crear, evolucionar y por eso a los procesos de cambio se les atribuye el elemento fuego, el éter10; pero al mismo tiempo le permite al hombre destruir. La materia destruida se convierte nuevamente en energía, la energía se transforma pero además tiene la cualidad de poder ser transportada. Algunos 

materiales permiten catalizar la energía, materializarla, transformarla, transportarla y dirigirla. Cuando la madera se pudre adquiere una cualidad plástica única, se hace más liviana. Su superficie adquiere una textura más pronunciada, el agua deja marcas, dibujos en la madera podrida seca. Un árbol y una serpiente pierden sus pieles del mismo modo, así cambian, crecen.

No deja de sorprenderme la forma como los materiales generan un diálogo dependiendo del trato que les doy y la forma cómo yo los relaciono.

TERCER VELO

6. ENTHEOS

 

Mi primera experiencia enteogénica fue algo alucinante. Recuerdo vívidamente todo lo sucedido esa noche. Recuerdo los colores, las luces, los cantos del taita Isaac. Recuerdo haber visto cosas extrañas, haberme perdido en un corredor eterno. En un momento solo estaba “yo”, no había nada, absolutamente nada, ni cuerpo ni espacio, solo el canto y algo… esa cosa flotante, ese “yo”; nunca tuve miedo. Esa fue mi iniciación.

Desde pequeño siempre le tuve pánico a los cálculos renales. Cuando tenía 9 años, en medio de una fiebre terrible en una habitación con un piso de madera viejo y ruidoso, luego de controlar la fiebre con toallas humedas ella decidió llevarme a un hospital. Mientras me inyectaban penicilina escuché a una mujer en la camilla de al lado vomitando y gritando por el dolor insoportable de las piedras. Ese día me quedó muy marcado en mi cabeza, deseaba nunca padecer ese dolor tan terrible. Hace poco tiempo me encontraba en la universidad y repentinamente me empezó un dolor intenso en la espalda, en el costado derecho. Al comienzo me convencí de la posibilidad de un espasmo muscular pues los dolores en mi espalda son muy habituales. Fui al baño y al orinar percibí un color rojizo en el liquido expulsado. Al llegar al hospital a causa de un dolor terrible me hicieron exámenes de orina… estoy seguro de haber orinado sangre pura y espesa.

Hay una planta sorprendente, su nombre es chancapiedra. Me resulta increíble la forma como los indígenas conocen las plantas y sus propiedades sin haberles hecho análisis “científicos”, estoy seguro de sus capacidades para comunicarse con los elementales. Luego de recibir golpes de sonido en el riñón y con la ayuda de la chancapiedra, después de dos semanas orinando sangre en una media velada sentí un cambio de presión en el flujo. Poco a poco vi cómo una arena blanca salía suavemente y al final un pedazo de piedra del mismo color como de 4 milímetros de largo. No sé desde hace cuánto ni a causa de qué, pero estoy seguro de estar sanando algo y el yagé me lo dijo un mes antes de los dolores.

Mi hijo el meteorito, mi piedra, mi tranquilidad.

Las plantas no son mi camino, son un bastón y me ayudan a caminar.

7. INMORTALIDAD

El Budismo Zen me ha acompañado desde el día de mi nacimiento. He tenido la fortuna de crecer bajo las enseñanzas de un maestro Zen empeñado en mi crecimiento espiritual y en mi educación. Desde pequeño este maestro se dedicó a sembrar en mí semillas de consciencia Zen pero nunca obligándome a seguir su camino. Durante mi infancia y mi adolescencia siempre fui muy conflictivo, nunca pasó por mi mente seguir el Zen de ninguna forma.

Cuando tenía 17 años decidí alejarme de todas las personas conocidas. Quería comenzar de nuevo, olvidar mi pasado y mis problemas, por eso decidí irme a Australia. 

Antes de llegar a Australia tuve la obligación de pasar por Canadá y decidí quedarme donde mis abuelos. Luego de 3 meses viviendo con ellos empecé a sentirme fatigado, sin objetivos y sin intenciones de vivir. Llegué incluso a ver el fondo del abismo. Un día mientras caminaba desde la carnicería donde trabajaba hacia la casa de mi tía se precipitó una tormenta de lluvia intensa y sin aviso. Justo cuando iba a comenzar a correr recordé las primeras páginas del hagakure, de ninguna forma evitaría mojarme así saliera corriendo. En ese momento, me quité los audífonos de lo oídos y con una fuerte inhalación cerré los ojos. Por un instante, por un par de minutos tuve la posibilidad de sentir una a una todas las gotas golpeando mi piel y deslizándose hacia abajo, me sentí desnudo y poco a poco con los ojos cerrados pude ver cómo cada gota caía a mi alrededor. Pude diferenciar el sonido de cada una de las gotas provocando la subida del olor del asfalto mojado. Por un momento logré vaciar mi mente y experimentar el presente, por un momento vi con los ojos del buda. Ese día comprendí mi condición de buda, esa fue la lluvia germinadora de todas las semillas Zen de mi padre. Ese día nací de nuevo y por eso debí aprender a caminar otra vez. Unos meses mas tarde llegó el invierno más fuerte desde hacia 80 años.

El Zen, no es mi camino, es una lámpara.

Los símbolos se manifiestan por necesidades inconscientes, se dan principalmente por relaciones. 

Una imagen compuesta es una totalidad, esa imagen habla de una cosa en específico pero simultáneamente habla de muchas cosas. Una imagen es un lenguaje codificado hecho a partir de relaciones entre diferentes símbolos componentes de la totalidad. Son rompecabezas dentro de rompecabezas. 

El encuentro, las coincidencias, los errores, los accidentes, todos tienen algo en común: todos hacen parte fundamental del proceso creativo y de la vida. Ninguno existe realmente. Todas esas palabras convergen en algo: son proyecciones de necesidades del subconsciente impulsado por la supraconsciencia, por el Todo.

Por algo Edipo decidió revivir a su madre y regresar a ella.