RAPTO MÍSTICO

Zeus y Ganimedes en "Canyon" de Robert Rauschemberg

Matías Quintero Sepúlveda

Robert Rauschemberg canyon 1959

Canyon (1959)

Técnica Míxta (combine)

Robert Rauschemberg

MoMA

Chief sitting bull
Shu
Reposacabezas de Tutankamun con Shu
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Judith_Beheading_Holofernes_-_Caravaggio
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Perseo con la cabeza de medusa
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Los brazos que Kali lleva como falda evocan la idea de acción. Cuando Kali destruye y desmiembra, la acción cesa porque cesa la actividad mental. En la quietud absoluta, cuando la mente cesa de crear, se desvanece el universo porque se diluye la identidad que lo percibe como algo separado. El resultado es la conciencia primordial, indiferenciada, no dual.

Family Guy
tin tin y el templo del sol
prisonersofthesun2
Simbad y el Roc
Popeye
Popeye
Jurassic Park III
One Million Years BC
1/2

El tropo del rapto en la cultura popular

Águila Calva
Rueda de la fortuna, Matias Quintero

La carta 10 del Tarot, La Rueda de la Fortuna, relacionada con los ciclos de ascenso y descenso está asociada también a Jupiter, el padre, el maestro

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Una vez fijada y condensada la materia mental aérea, esta se transforma en agua líquida, un agua que no moja las manos. La copa es el recipiente que da forma a esa materia líquida y caótica "individida", la alista para la materialización. El as de copas es Fertilidad, concepción, belleza, amor, placer y felicidad.

El rapto místico

 

Desde mi primer encuentro con Canyon de Robert Rauschemberg en el MoMA sentí una profunda sensación de estar observando una imagen muy antigua. Sentía que esa pintura me parecía mucho menos moderna que muchas de las obras que la rodeaban en su contexto histórico, y recuerdo haber pensado que la sensación se debía más al contenido de la imagen que al tratamiento de sus partes, es decir, no era porque la obra en sí pareciera vieja (como cuando se le aplica una patina artificial a un metal o una madera decorativa), sino porque me parecía que su contenido tenía algo de ancestral.

Una de las lecturas más comunes de Canyon suele hacerse en relación con  los hechos biográficos de Robert Rauschemberg, y partiendo de una lectura muy literal del mito griego del rapto de Ganimedes[1]. Según esta lectura lo más fácil sería asumir que Canyon es una especie de manifiesto íntimo en el cual Rauschemberg declara, -a través del rapto de Ganimedes, de forma velada pero abierta-, su homosexualidad. Para nadie es un secreto que él y Jasper Johns sostuvieron una apasionada relación sentimental.

En el mito, Ganimedes era el joven más hermoso sobre la tierra. Su belleza era tal, que todos los dioses del Olimpo estaban enamorados[2] de él y se pasaban el tiempo contemplándolo desde las alturas. Un día, deslumbrado por la belleza del joven, y cegado por su deseo de poseerlo, Zeus decidió transformarse en una inmensa águila para secuestrarlo. Voló incesantemente y cuando lo encontró solo acompañado de sus perros en la altura de un monte, se lanzó en picada y lo raptó. Así, Ganimedes fue elevado por el águila que lo transportó al Olimpo donde se le concedió la inmortalidad y se convirtió en copero y compañero sentimental de Zeus.

La lectura más común sobre el mito de Ganimedes suele ser bastante superficial. En ella se interpreta que su rapto apunta hacia un significado literal, homoerótico. Pero si ese fuera el caso tendríamos que aceptar también el mito como una alegoría de la pederastía. Pienso que la literalidad es una de las formas más comunes de aniquilar lo poético y la posibilidad de internarse en los laberintos mucho más extensos del mito y la imagen. Por este motivo, procuro alejarme sistemáticamente de esas interpretaciones para descender a mayores profundidades. Para mí, este mito esconde un sentido más profundo que su interpretación literal y, que puede ofrecer una lectura alternativa y mucho más elaborada sobre esta obra.

 

Una de las claves de la profundidad de este mito se encuentra en el momento climático del relato. Aquél que ha sido estudiado con mayor protagonismo una y otra vez a lo largo de la historia del arte y que concierne específicamente a esta pintura de Rauschemberg: la elevación de Ganimedes, el momento de su rapto. No su función en el Olimpo, que suele ser mostrada como un hecho ornamental de otras representaciones. El tema del rapto a manos de la divinidad en la mitología clásica, es uno de los más estudiados. Los raptos divinos suelen evocar nociones como el éxtasis religioso o experiencias místicas. En ellos, ambos agentes (el raptado y el perpetrador divino), lejos de representar seres históricos literales, son expresiones de diversos aspectos de la conciencia.

 

Desde este punto de vista, el erotismo implícito en el mito de Ganimedes, y en consecuencia el que se señala en “Canyon”, evocado en el deseo de  Zeus-águila por el joven, es mucho más cercano al que se presenta en un proceso creativo, en un encuentro místico, o como erotismo psíquico de la conciencia. Esto, más que un hecho de secuestro por pasión física literal, lo lleva a uno a pensar en un inefable rapto o mejor, un arrebatamiento[3] psíquico, en otras palabras, en la idea de perder la cabeza.

Perder la cabeza, la almohada de plumas y el vuelo chamánico

En “Canyon”, Ganimedes es desplazado a un segundo plano en el fondo, a la izquierda. Ahí puede verse una foto del hijo de Rauschemberg enmarcado en trazos de pintura negra. Parece estar suspendido levantando su mano izquierda como intentando recibir la antorcha que sostiene la estatua de la libertad en una foto que refleja su postura velada con pintura blanca, -¡la libertad está velada!-. Justo encima del águila aparece una foto de un piano y a su derecha una imagen de un cielo estrellado evocador de las alturas nocturnas. En el lugar en el que deberíamos encontrar a Ganimedes ahora hay una almohada de plumas colgada, una operación que resulta en extremo evocadora.

 

La almohada de plumas es el lugar donde descansa la cabeza cuando dormimos. Es el lugar en el que se presenta la visión manifestada en los sueños. La personificación del sueño en Grecia era Hypno, hijo de Nix (la noche), y padre de los Oniros (los sueños). Hypno solía ser pintado durmiendo sobre una cama de plumas, y uno de sus atributos más importantes, -con el que era representado con mayor frecuencia-, eran alas en una o ambas sienes (justamente lo que se apoya en la almohada), alegóricas del vuelo de la visión que se presenta en el sueño. Y es que las plumas y las alas han sido de importancia crucial en todas las tradiciones ancestrales. Uno de los ejemplos más conocidos de Grecia era Hermes, -el “mensajero de los dioses”—Él tenía siempre 2 alas en sus sandalias que le proporcionaban velocidad y agilidad de movimiento, 2 alas en el sombrero que llevaba en su cabeza, que le favorecían la elevación del pensamiento, y 2 alas en su caduceo, símbolo de la medicina universal (2x3 = 6); Hermes era el único que podía viajar libremente por las dimensiones del cosmos, desde el Olimpo a la Tierra y hasta el inframundo guiando a las almas como psycopompo, o cargando mensajes divinos.

Las plumas han cumplido una función ritual de suprema importancia en las tradiciones ancestrales de américa; especialmente en coronas y otros tocados rituales, utilizadas en ritos asociados con la visión y con la elevación del pensamiento. En ellos, el espíritu del pájaro del que se extrae la pluma, guía la visión y, acompaña y protege al portador. En Norte America por ejemplo, las plumas de águila son consideradas posiblemente las posesiones más sagradas que pueda tener una persona, y suelen ser adquiridas únicamente por proezas, por honor, a manera de mérito que llega directamente del ave, siendo quien la entrega únicamente un intermediario. Las plumas de cada ave, dependiendo entre otras cosas de la forma como sean adquiridas, pueden poseer poderes mágicos que le son transferidos al portador.

 

Resulta interesante, si se asocia el símbolo de la flecha al pensamiento y su punta a la atención (en inglés se le dice "arrow head" -cabeza de flecha, a la punta), que las plumas de ave que cumplen la función de estabilizar la flecha, se convierten, por analogía (en relación con las plumas que se usan ritualmente en la cabeza), en estabilizadoras de la atención del pensamiento y por lo tanto del vuelo de la mente.

 

En Egipto los tocados de plumas eran un atributo común en las representaciones de los dioses y los faraones. Uno de los ejemplos más significativos es la corona de plumas de halcón que llevaba Shu (el viento) en su cabeza. La historia cuenta que el universo fue creado por Atum (el oculto o el autocreado): Atum emergió de Nun (las aguas caóticas primordiales) soportado por Benben (el monte primordial). Mientras contemplaba el vacio Atum se masturbó[4] y al eyacular, exhaló un sonido:

-¡Shu!-, y así dio nacimiento al aire primordial (el intelecto) y a tefnut (la humedad). Como en ese entonces no había espacio entre Nut (el cielo, el arriba), y Geb (la tierra, el abajo), Atum ubicó a Shu entre ellos para que los separara.

Como Shu era la personificación del viento y por lo tanto estaba asociado al intelecto que se ubicaba en la cabeza (a diferencia de la conciencia que se ubicaba en el corazón). Los “apoyacabezas” sobre los que se reposaban las cabezas de las momias cuando entraban en el ultimo sueño, solían llevar una representación suya.

 

El acto onanistico de Atum puede ser entendido como una imagen del erotismo entre sus dos compoentes creativos, su si mismo masculino y su femenino inherente manifestado en su mano. Todo acto de creación sea en el ámbito reproductivo, estético, conceptual o en cualquier otro, se da por obra de un acontecimiento erótico que puede darse a nivel psíquico o físico y, sin importar cuales sean sus manifestaciones formales (dentro de la infinita gama de posibilidades de manifestación del amor), este acto erótico sucede por la conjunción de una polaridad u oposición[5]. Una idea similar aparece reflejada en el gran vidrio de Duchamp, donde el acto erótico es más un hecho mental compulsivo que una actividad física. El “gran vidrio” evoca un intento de los solteros por desposar a esa novia que permanece eternamente desnudada, imaginalmente y perpetuamente inalcanzable en otra dimensión en las alturas.

 

En el tarot, la pluma la lleva en la cabeza un hermoso joven, -El Loco-. Su pluma es larga y roja, lo que sugiere una actividad mental elevada. La pluma juega con el viento (Shu) que la hace bailar con los nutritivos rayos del sol que alimentan las hojas-ideas de la corona de hierba que la sostiene. Con su mano derecha el Loco sostiene una vara que termina en un maletín decorado con un símbolo de un águila lanzándose en picada. La vara que reposa sobre su hombro, corta de forma transversal su cuello, separando la cabeza del cuerpo. El loco camina desprevenido sobre la cima de una montaña hacia un barranco y se encuentra absorto en la visión de las alturas. Por su cercanía al borde podemos deducir que si da un paso más será inevitable la caída. Él no está preocupado, ha perdido la cabeza, su pensamiento ha sido raptado y elevado hacia nuevas alturas.

Esta idea mística de la perdida de la cabeza es un tropo muy común en la historia del arte iconográfico religioso y tiene unas implicaciones muy interesantes. La pérdida de la cabeza está fuertemente relacionada con la idea de la muerte, pero un tipo de muerte no literal, iniciática, que está asociada con el éxtasis, con la pérdida de la conciencia individual y el retorno a la unidad (curiosamente a la perdida del estado de conciencia post orgásmico, que llega acompañada de un silenciamiento absoluto de la mente, se le llama la pequeña muerte, igual que las experiencias de trance experimentadas a través de las substancias enteogénicas). La pérdida de la cabeza puede ser interpretada como una alegoría de la perdida del intelecto en el sentido de la incesante búsqueda de entendimiento del mundo por la razón, una pérdida de la búsqueda de aprehensión del mundo y sus fenómenos a través del intelecto. Eventualmente esa perdida de la cabeza resulta en la disolución del ego individual, e inevitablemente, en el retorno a la unidad no-dividida, el 0 pitagórico.

En la mitología griega esta idea del intelecto "decapitado", puede ser percibida en el mito de medusa, la gorgona que transformaba todo lo que veía en piedra. Las serpientes en la cabeza de medusa son alegóricas de las ideas racionales qué, como la hydra, al perder una cabeza, recuperan dos. La idea de transformar las cosas vivas en piedra está fuertemente relacionada al pensamiento racionalista descontrolado, completamente literalizante y vaciador de vida y espíritu, y me recuerda el siguiente fragmento anónimo:"Parece ser que el tremendo deseo de la mente racional de penetrar un misterio, lo lleva a destruir su propia capacidad de experimentarlo.Este tipo de mente racional me recuerda una analogía: la del botanista que es apasionado por las flores. Él sale, corta la flor de las raíces que la alimentan en la tierra y la trae a su laboratorio, poco a poco corta cada uno de los pétalos para examinar sus partes en su microscopio. Oh, -dice- esto no es más que un conjunto de compuestos orgánicos, después de todo nunca fue una flor. Que supersticioso y tonto fui al llamarla una cosa bella.”

A medusa la decapita Teseo, un joven héroe que ha recibido de hermes el casco con alas, así que ya ha perdido, o mejor, ha elevado su cabeza. Pero él no solo decapita a medusa (que es una parte de sí mismo), sino que además aprovecha su poder, es decir, pone la razón a su servicio, la controla y la aprovecha para cambiar el mundo, para protegerlo, y finalmente se la entrega a Atenea, la personificación de la sabiduría, la cultura, la ciencia, la civilización, etc. para que la ponga en su escudo.

En la tradición Hindú, Kali, "La liberadora de la mente" es representada con un collar de cabezas humanas y cargando una cabeza de hombre en una de sus manos derechas y una espada en una de sus manos izquierdas. Ella es la destructora, el tiempo y la impermanencia, es la shakti o energía de Shiva, una de las formas de la esposa del destructor y renovador del universo. Si se entiende a Shiva como un aspecto de la conciencia primordial, y visto en relación con Brahma (el creador) y Vishnu (el preservador) sus acompañantes en la trinidad, Shiva es el aspecto de la conciencia relacionado con la impermanencia en todos sus aspectos, la idea de destrucción que es consecuencia inevitable de la creación y, que a nivel de la conciencia es resultado de los procesos de intelectualización del mundo fenomenológico que producen entre otras cosas la ilusión del tiempo. Kali, como su energía, es el aspecto temporal destructor, de esa misma conciencia primordial, se encarga de decapitar, o liberar la mente, es decir de retornar la conciencia a su estado primordial, a través de la destrucción de la percepción de separación o dualidad que se manifiesta en el ego. 

Todas estas ideas sobre la perdida de la cabeza pueden intuirse incluso a un nivel más amplio en el sentido social, y pueden visualizarse en contextos históricos como la revolución francesa. La decapitación de los reyes fue, en efecto, un símbolo de la perdida de la razón, aquello que dirige al estado (en el caso político), o al cuerpo, en el caso individual. En este sentido histórico, es posible percibir una segunda lectura de la pérdida de la cabeza (aunque no está directamente relacionada a la pintura vale la pena mencionarla para contrastar), una que no está asociada a la elevación del pensamiento, sino a la locura esquizofrénica, a la caída de la cabeza y, es por eso que, en el caso de las decapitaciones, la cabeza cae, en vez de ascender hacia las alturas con las plumas del ave. En este caso histórico, es posible reconocer que la cabeza, ya la habían perdido los reyes en los densos excesos del mundo material mucho antes de que sucediera el acto literal, es precisamente esa densidad la que, por el efecto de la fuerza de gravedad, hace que la cabeza caiga hacia abajo. Cuando la cabeza deja de cumplir su función, más vale cortarla o se corre el riesgo de convertirse en muerto viviente (los zombies solo pueden ser asesinados cuando se les corta o dispara en la cabeza).

 

Esta segunda lectura de la perdida de la cabeza, que alude a la noción de la locura, ya no como éxtasis místico, sino como demencia esquizofrénica, está más fuertemente asociada al rapto demoniaco en las tradiciones mitológicas. El secuestro a manos de un centauro, un minotauro o un sátiro, todas figuras medio humanas, medio animales terrestres, aludiendo a la incapacidad de domesticar y sublimar las cualidades más instintivas del hombre, suelen ser las formas de representación de esta segunda forma de pérdida de la cabeza. Sin embargo, también sucede en ocasiones, que el rapto se da a manos de un ave oscura, donde no se concluye en una elevación mística, sino que, el raptado acaba siendo despedazado, convertido en simple carne inerte.

El águila

El águila es un ave solar, sagrada por excelencia que, como símbolo, evoca lo más puro y elevado de la visión, el honor, el coraje y la fuerza. Es el animal sagrado del norte, que vuela y observa el panorama más completo del mundo, es el ave que vuela más alto, y por lo tanto, la que vuela más cerca al gran espíritu. Pero además, con una agudeza impecable, es capaz de discernir desde las alturas, hasta una hormiga en la llanura.

 

El águila habita en los dos mundos. Es mensajera de los espíritus, y ser visitado por ella en una visión es uno de los más altos honores. En occidente esta ave ha cumplido una función imperial y ocupa  en el simbolismo una jerarquía muy alta, que le ha sido conferida por su elevado poder espiritual. Antiguamente era empleada como símbolo alternativo de la constelación de escorpio y su relación con la energía sexual, -la misma que es empleada en el proceso erótico que lleva a todo tipo de creaciones, y que no necesariamente es una expresión de la sexualidad física-. Esa energía está directamente asociada a los procesos de muerte y renacimiento, de transmutación y transformación, física, psíquica, y emocional. Por lo tanto, el águila es también un símbolo de la transformación que sucede en el individuo raptado y elevado. Esa misma águila es la que lucha eternamente por someter las fuerzas reptiles evocadas en la serpiente. La conjunción simbólica del águila y la serpiente es precisamente un jeroglífo de un proceso conocido en alquimia[6] como la fijación de lo volátil, un proceso mediante el cual se toma control del elemento aéreo, intelectual, y se fija a través de la atención.

Una historia Lakota sobre el espíritu del águila cuenta una versión simétrica pero inversa al mito griego, en ella se expresa uno de los motivos por los que el águila es tan sagrada: Hace miles de años, los seres-trueno enviaron a la tierra una inundación que arrasó con la mayor parte de la humanidad. En ese entonces los humanos vivían en la corrupción y el abandono de sus tradiciones. Durante la inundación, el águila miró abajo desde el cielo y vio en la copa de un árbol a una niña Lakota que se aferraba a sus ramas.  Al verla se conmovió por el coraje y la tenacidad de la niña (esto es otra forma de hablar de la belleza), así que bajó y la llevó a la seguridad en un lugar alto en las Black Hills. Ahí, el águila alimentó a la niña y, cuando se hizo adulta, el cuidado, el respeto y la devoción del águila fueron reconocidos por los seres-trueno, quienes la transformaron en humano. De su unión nacieron 7 hijos, los ancestros de los Lakota[7]. De forma invertida al rapto de Ganimedes, en la historia Lakota es el espíritu el que se hace mortal, en función de un acto devocional. Este acto devocional concluye también en un evento de carácter creativo donde se presenta una conjunción entre el espíritu y la materia. Sin duda, si la versión griega fuera vista desde la mirada de un Lakota, el rapto sería entendido como un honor concedido solo al más grande de los héroes.

En la mitología nórdica existe un mito muy similar al griego con unas connotaciones muy parecidas. En él se relata sobre un viaje de muchas adversidades que tuvieron que realizar Odin, Thor, Loki y Hoenir. En cierta ocasión, luego de haber agotado todas sus dotaciones, los cuatro Aesir cazaron un buey y pusieron su carne a asar. Luego de ver perplejos que tras muchas horas al fuego la carne seguía cruda, los Aesir escucharon una voz que venia de las alturas. Era el gigante Thjazi que, transformado en águila les decía que estaba utilizando su magia para impedir que la carne se cocinara, y que solo la liberaría del hechizo si le entregaban una parte a manera de pago. Los cuatro dioses accedieron y Thjazi descendió y sin preguntar tomó la parte más jugosa y suculenta. Loki, que se encontraba muerto de hambre y llevaba ya un buen tiempo esperando para tomar ese pedazo, se enfureció y atacó al águila con una rama, pero el gigante fue más veloz, la cogió con sus garras y emprendió el vuelo. Por instinto Loki se aferró a la rama y cuando ambos se encontraron a gran altura, empezó a rogar al gigante que lo bajara. Allá en las alturas entre las nubes, Thjazi hizo prometer a Loki que le entregaría a Idunn[8] a cambio de dejarlo a salvo en el suelo. Loki que solía valorar más su propia vida que la de los demás accedió sin siquiera meditarlo un segundo. El tiempo pasó, los Aesir regresaron a Asgard y cuando llegó el día acordado, Loki, en cumplimiento de su juramento engañó a Idunn para que saliera a buscar unos frutos exquisitos que había visto en el bosque. Como Idunn no tenía motivos para desconfiar de Loki, se internó en busca de los frutos y, siguiendo la ruta que Loki le había explicado llegó a un claro en el bosque. Thjazi, que había seguido sus movimientos detenidamente, aguardó el momento preciso y tan pronto como la vio salir al claro se lanzó en picada, la raptó, y la llevó a su reino Thrymheim (hogar-trueno)[9]. A falta de Idunn, los Aesir empezaron a envejecer y obligaron a Loki a recuperarla o a sufrir las peores torturas. Al verse sin escapatoria, Loki tomó las plumas de halcón de Freya que le permitían transformarse en halcón y la rescató escapando a duras penas de Thjazi.

El águila en la obra de Rauschemberg es un águila calva taxidermizada, que una amiga suya llamada Sari Dienes encontró en una pila de objetos desechados en Carnegie Hall. Fue un hallazgo muy afortunado, una visita inesperada del espíritu del águila. Curiosamente, como en la mayoría de las obras de Rauschemberg, aquello que para otros era un desecho, él logró transubstanciarlo, elevándolo a un lugar de experiencia y contemplación. Esa águila, ahora resignificada, es una manifestación de la fuerza jupiteriana, que yace esperando a ser contemplada en una pared del MoMA. Materialmente esa águila está fija en el espacio compositivo, pero para el observador hábil, es evidente que vuela, o al menos inicia su vuelo escapando de una caja. Esa materia intelectual volátil, aerea, que es evocada en las plumas y en el ave, sale de la caja y escapa hacia el cosmos que se encuentra aun a sus espaldas, lo que nos recuerda esa famosa frase en inglés que dice “think outside the box”, invitándolo a uno a pensar analógicamente y no de forma literal. Todo esto además sobre la cabeza del espectador que reposa en la almohada colgada.

El Juego de niños

Ni los poetas, ni los pintores, ni los historiadores o los literatos se han decidido si Ganimedes era realmente un niño o un joven. Teniendo en cuenta que en Grecia un niño se convertía a muy temprana edad en adulto, y dada la polémica que se ha presentado frente al mito en cuanto a sus implicaciónes pederásticas, lo más probable es que originalmente la historia hablara de un Ganimedes infante, aun vulnerable por su inocencia. Y es que desde el punto de vista no literal del relato, Ganimedes, más allá de ser un joven o un niño secuestrado, es un símbolo de lo que la niñez representa. Entre otras cosas: la inmadurez, la intrepidez, la juventud, pero especialmente la inocencia, la pureza y sobre todas las cosas el juego y su aspecto mental, la imaginación.

En relación con la idea de juventud, me parece muy significativa la oposición que se presenta entre una imagen que es muy recurrente en la cultura popular: el cuento de la cigüeña (blanca) que trae al bebé, y el mito del rapto a manos del ave de presa (negra u oscura) que es también muy recurrente en las narrativas populares. Parece que ambos mitos hablan de dos formas de nacimiento específicas. La historia de la cigüeña, que no trata de un ascenso, sino de un descenso, nos habla más de la idea de encarnación, del descenso de lo espiritual a lo terrenal, el primer nacimiento que puede imaginarse como la consecuencia inevitable de la caída de "El Loco" del Tarot al valle, desde las alturas de la montaña, si el personaje da un paso más. Y por otro lado, el mito del rapto que nos habla de una elevación, un ascenso, un segundo nacimiento, o nacimiento iniciático relacionado con la experiencia mística. A esto me gustaría agregar que a cada nacimiento, por definición le debe anteceder una muerte. Es como si ese vinculo de descenso-ascenso cíclico estuviera relacionado con dos pasos existenciales: el nacimiento, la infancia y la juventud como tránsito a la madurez (que en términos ancestrales implicaría un refinamiento de la conciencia que exigiría del individuo una búsqueda espiritual, no necesariamente algo que sucede en el transcurso de una vida). Pienso que a la cigüeña se le podría dedicar un texto propio, pero por ahora me interesa señalar esa relación que se da en oposición al rapto en la idea del descenso, como si vistos en conjunto ambos mitos hablaran de una idea cíclica; y el vínculo tan fuerte que se le atribuye con la paternidad.

 

Me llama la atención que aunque el mito relata que todos los dioses estaban enamorados de Ganimedes, el rapto es perpetrado por Zeus. Si bien Zeus es una divinidad masculina, no es representante de la masculinidad griega como sí lo es Ares, por lo que creo poco probable que el mito esté orientado a exponer hechos homoeróticos. Tradicionalmente Zeus, ha sido relacionado con mayor frecuencia a cuestiones más filosóficas como la idea del maestro, o a los aspectos de la paternidad (el mismo Pitágoras se refería a él como Padre Zeus) bien asumida (no machista como suele entenderse el término patriarcal hoy en día) como la generosidad, la abundancia, la providencia, la guía o la expansión, y sobre todas ellas, como el concepto mismo de la divinidad[10].

Así, la relación amorosa que se manifiesta en este rapto no es concretamente sexual, sino de amor místico, aquel que mejor se expresa de forma poética entre el padre y el hijo, en hebreo אב (ab) padre y בנ (ben) hijo, y que combinados producen אבן (Eben), que es La Piedra [11].

Asumiendo la historia desde esta nueva perspectiva y, entendiendo que la idea de belleza en Grecia distaba de la superficialidad física contemporánea, es posible que el mito en realidad apuntara a dos cosas fundamentales: uno, a una exaltación de la pureza y la inocencia del pensamiento encarnados en el niño[12]; y dos, al amor trascendental, arquetipico, como algo que no se crea, sino que pre-existe de forma autónoma y que se manifiesta en el ser o lo posee como canal.

Platón, en sus diálogos entre Fedro y Sócrates dedicados a la belleza, acude al mito del Rapto para hablar del amor, como algo que se manifiesta a través del deseo: "Cuando la persona amada ha acogido al que ama y ha gozado de la dulzura de su conversación y de su sociedad, se ve como arrastrada por esta pasión, y comprende que la afección de todos sus amigos y de todos sus parientes no es nada, cotejada con la que le inspira su amado. Cuando han mantenido esta relación por algún tiempo y se han visto y han estado en contacto en los gimnasios o en otros puntos, la corriente de estas emanaciones que Júpiter, enamorado de Ganimedes, llamó deseo, se dirige a oleadas hacia el amante, entra en su interior en parte, y cuando ha penetrado así, lo demás se manifiesta al exterior; y, como el aire o un sonido reflejado por un cuerpo sólido, las emanaciones de la belleza vuelven al alma del bello joven por el canal de los ojos y, abriendo las alas desde el interior, las nutren y las desprenden y llenan de amor el alma de la persona amada".[13]

"Tú vas gritando: Soy el amante,

mas éstas son simples palabras.

Si ves como dos al amante y al Amado,

o ves doble, o bien no sabes contar."[14]

Continuando con la idea de la niñez, viene muy a lugar mencionar un axioma alquímico muy popular que expresa que la alquimia es como un juego de niños. La materia primordial empleada en el juego por los niños, especialmente en la época en la que fue escrito dicho axioma, es la imaginación, el sempiterno fuego secreto de los filósofos. El juego de niños es el juego desinteresado, inocente, libre, que emplea la materia mental como materia prima para materializar o crear su universo. Para un niño el universo que crea es completamente tangible, tiene absoluta certeza y no necesita fe para saber que las cosas que ha creado existen, en él no hay duda y en su inocencia no hay mala intención en la veracidad de sus creaciones. Por otra parte para el niño no hay límites en su creación, puede crear lo que considere posible así rompa las leyes de la física, la mecánica, o el lenguaje. Para el niño todo es posible. Además, el niño no necesita buscar sus materiales afuera, aunque a veces acuda a alguno que otro elemento del mundo para reforzar sus materializaciones. Para el niño, todo lo que necesita es provisionado por la conciencia aunque lo desconozca, todo lo que necesita yace ahí, al alcance de su voluntad. Todas sus creaciones suceden a través de un acto erótico psíquico que desconoce por completo pero que aplica libre de esfuerzo.

En Canyon, el niño estira su mano para alcanzar la antorcha, con el fuego que sostiene la libertad. Es un aspecto del observador cuando se permite reposar su cabeza en las plumas que elevan su pensamiento a otras dimensiones.

Parece ser que lo que se oculta en el mito y por extensión en la obra de Rauschemberg, no es concretamente un niño secuestrado, ni la pederastia, ni el homoerotismo, sino, lo que los hechos y personajes en la narración simbolizan más allá de sus formas: La materia mental, el pensamiento bello, inocente y puro, que, raptado por el deseo es elevado y se libera de lo imaginario en tanto que se despoja del sí mismo. En las alturas se vuelve copero, o servidor de lo superior, y es ahí cuando aparece la visión: el mensaje que porta mercurio, que es entregado desde las alturas.

Notas

[1] Cabe aclarar que la relación de Canyon con el mito de Ganimedes es plenamente formal y que Rauschemberg nunca declaró abiertamente que esta obra fuera una referencia directa al mito.

[2] Es importante entender que el concepto de belleza en la Grecia clásica e incluso ya en la pre helénica distaba mucho de la superficialidad que hoy en día limita nuestra visión. La belleza es un camino trascendente y no está limitada a lo estético, la forma es solo una manifestación de una causa más elevada. En su Fedro (sobre la belleza), Platón escribe: "A esto tiende todo este discurso sobre la belleza. Cuando un hombre apercibe las bellezas de este mundo y recuerda la belleza verdadera, su alma toma alas y desea volar; pero sintiendo su impotencia, levanta, como el pájaro, sus miradas al cielo, desprecia las ocupaciones de este mundo, y se ve tratado como insensato."

 

Así mismo el amor como concepto místico, no necesariamente implica expresiones de pasión física. Existen numerosos ejemplos de poesía mística en la que se nombra a la divinidad como el bien-Amado, o el amante, pero es precisamente porque el concepto de divinidad es inseparable de la noción de amor puro que los humanos por lo general desconocemos. Me refiero al Eros platónico, el amor inconmensurable e imperecedero que es la causa original de todas sus manifestaciones.

[3] La palabra deriva del griego ἁρπάζω (harpadso), y tiene una fuerte connotación hierática

[4] De ninguna manera debe ser entendido este acto en el sentido literal, como si Atum fuera un hombre real que se masturba. El hecho es puramente simbólico.

[5] Esta polaridad u oposición no tiene nada que ver con cuestiones de genero, identidad, o preferencias sexuales, puede manifestarse en infinitud de formas y está más asociado a una cuestión de relación por contraste de pares. Según esta mirada, no existe una noción de polaridad fija (como hombre y mujer, aunque si existen características femeninas y masculinas), sino que se presenta de forma móvil y elástica. Así, por ejemplo, una categoría como "la oscuridad" no es considerada un absoluto estático, sino que se presenta por una mayor o menor gradación de luz y en contraste con un opuesto, que no necesariamente es la luz absoluta.  Ninguna categoría es estática, sino que existe y puede ser experimentada y catalogada únicamente en contraste con otra. 

[6] Me parece importante aclarar que con esto no pretendo decir que la obra de rauschemberg fue pensada en términos alquímicos, ni que este sea su significado concreto, sino que es posible hacer una lectura bastante estructurada y comprobable desde este campo de pensamiento. De tal manera que no estoy imponiendo significados alquímicos a la lectura que estoy haciendo de la obra, sino que estoy aprovechando el lenguaje alquímico para abrirme paso en la espesura de los matorrales que la cubren.

[7] Traducido de una narración escrita por la nieta de Black Elk: de: https://www.indianz.com/News/2011/04/18/wambli-sina-win-eagle-feathers.asp

[8] En la mitologia nórdica, Idunn es la encargada de proveer a los dioses  la juventud eterna. Sin ella, los Aesir envejecen inevitablemente. Su nombre suele ser traducido como "siempre joven", ella es el equivalente a la Hebe griega (ver nota 12)

[9] Me parece significativo que en casi todos los contextos, este mito está relacionado con el trueno (Zeus en Grecia era el portador del trueno). El trueno, en las tradiciones místicas, suele ser usado como un símbolo del despertar, de la iluminación, que llega de forma sorpresiva como una tremenda descarga de luz y energía que ilumina, de forma momentánea, la conciencia individual o, en algunos casos la colectiva. En la carta del tarot, el trueno es usado para referirse a la  luz de la conciencia absoluta que irrumpe en la individual y desestructura todos los dogmas y paradigmas. Destruye la torre de babel que el individuo construye con el lenguaje y en la cual queda atrapado sin salida. 

[10] Desde este punto de vista, la lectura homoerótica, no se descarta como interpretación de la obra, aunque tampoco es su eje central, sino una de las miles de formas en las que ese amor que se oculta en el mito puede expresarse y, que solo es un pretexto para hablar de otras cuestiones. Entonces no se trata del amor de un hombre por otro, o de una mujer por otra, ni de un hombre por una mujer, sino del amor. Cada una de esas expresiones es una manifestación formal más no una causa.

[11] No sobra recordar que la foto del niño que aparece en la pintura de Rauschemberg es una foto de su propio hijo.

[12] En algunas versiones del mito, al ser ascendido al Olimpo, Ganimedes reemplaza en su función de copera de los dioses a Hebe, que era la personificación de la juventud.

[13] Fedro, o de la belleza, Sócrates-Fedro, Platón. Extracto de:

http://www.filosofia.org/cla/pla/azc02261.htm

[14] Fragmento de un poema de Rumi extraído de "En Brazos del Amado", Ed. Arca de Sabiduría, Pg. 60

Correggio, El rapto de Ganymedes
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Cabeza de Hypno
Corona Kofan
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Hercules y la hydra, Gustave Moreau
Cabezas de los reyes de Notre Dame de Paris, bajados durante la revolución francesa, museo de Cluny
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Escudo de Mexico
Fijación de lo Volatil
Caduceo, Matias Quintero

Odin, gran padre de la mitología nórdica, dios de la magia, las runas, la poesía y la sabiduría suele representarse con dos alas en su casco.

Las valkirias de la mitología nórdica eran hijas de Odin y, como hermes, cumplían la función de psicopompo, recogiendo a los héroes caídos en batalla y elevándolos a Valhala.

Rapto de Idunn
Rembrandt, Rapto de Ganimedes
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Juego de niños, Splendor Solis
Juegode niños
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