La mirada penetrante, Parte I

Matías Quintero Sepúlveda

13 de Septiembre de 2018

Una de las obras que más me ha cautivado de Jasper Johns es una pequeña encáustica de 24.1 X 17.5 cm, que lleva por nombre: “Painting Bitten by a Man” (pintura mordida por un hombre). Cuando la vi por primera vez, me encontraba trabajando en una serie de pinturas llamada “Umbrales”, hechas de cera de abejas mezclada con mambe[1]. Lo que más me sorprendió de la pintura de Johns en un principio, fue la sencillez con la que logró modificar el aspecto perceptual de la experiencia frente a la obra de lo visual al sentido oral.

 

Ya había sentido una experiencia similar con una obra de Duchamp: “With My Tongue in My Cheek” (con mi lengua en [el] cachete)[2], que por cosa de la experiencia subjetiva me produjo la sensación de estar viendo a alguien "mambear". Sin embargo, no me pareció que esa obra fuera más que una representación (de esa interpretación particular). Por otro lado, siento que la pintura de Johns me llevó a un nivel más allá, a una experiencia real, que fue provocada por el efecto de la acción real sobre la materia sensible. La Pieza de Johns se convirtió para mi en una evocación del acto de devorar la imagen, de penetrar con la mirada, el acto mismo, no una simple representación.

 

La idea de devorar con la mirada es algo que me causa mucha curiosidad; el acto de desnudar sin ser detectado, implica que la mirada tiene una capacidad penetradora, que más allá del acto literal, tiene una función reveladora frente a los misterios de la materia. La materia para mí, es algo que debe ser descubierto, que está tan cargado de contenidos simbólicos y de uso que en la dimensión de lo poético se vuelve maleable y habla en un lenguaje mudo que sitúa al espectador, de forma sutil, inadvertida, en el lugar de la experiencia simbólica, muchas veces sin recurrir a la forma.

 

La habilidad penetradora de la mirada es esencial en el acto erótico, en tanto que la mirada es la que determina el opuesto, el objeto erotizado. Lo que está en la mira es la “victima”, aquello que ha de ser penetrado o devorado. Esto implica que el acto erótico puede suceder tan solo por la mirada. Es la mirada la que se encarga de remover el velo formal o simbólico que enviste al contenido en la materia. Con la mirada, Acteón penetró el velo, la superficie material plana, y vio desnuda a Diana, quien luego lo transformó en ciervo, un recordatorio del riesgo que sufre la polilla al acercarse hipnotizada a la luz sin precaución. 

 

Con la mirada se penetra la obra de arte, se devora, y es la mirada, el elemento perceptual que encamina el acto erótico, es decir, creador, que sucede en la interpretación de la experiencia sensible frente a la obra de arte o de la realidad misma. El observador mira, penetra, devora, y la obra devuelve contenido, primero desde la experiencia sensible, desde la materia y su efecto en los órganos perceptuales, provocando, seduciendo, y luego, desnudándose sensualmente frente al espectador paciente y curioso, que inadvertido termina dando “a luz” una respuesta de la mente conceptual. La mirada es masculina en tanto que es penetradora, la obra es femenina en tanto que es penetrada, pero tan pronto como la obra provoca la experiencia sensible, la polaridad se invierte, transformándose en masculina la obra, y en femenina la mirada; si el momento es oportuno y la mente fértil, la mente queda inseminada con el embrión de la idea que nace de la experiencia directa, la respuesta conceptual.

 

Una de las interpretaciones que atribuyo a los “Targets” de Johns, es precisamente el de ser lugar de práctica de la puntería de la mirada penetradora. “Target”, en español "diana", alude a la famosa diosa virgen lunar de la cacería que es vista por accidente desnuda por Acteón; es el objeto sobre el cual practican los cazadores. Los “targets” de Johns, pinturas aparentemente planas, se transforman en elementos cargados de contenido que se extienden en la profundidad de la dimensión poética por obra de la mirada penetrante que da en el blanco. Pero no todas las miradas son penetrantes, no todas desnudan ni devoran, y no importa que tanto se enfoque el ojo en el centro visual de las pinturas, para la mirada del observador desinteresado, el blanco nunca será un lugar asequible.

 

En el 2017 tuve la fortuna de ver una retrospectiva de Jasper Johns en la Royal Academy of Arts en Londres. No pensé que tendría la suerte de ver “Painting Bitten by a Man” en vivo, y casi me desmayo cuando la vi en una de las paredes de la exposición. Sabía que era una pieza pequeña, pero es muy diferente la experiencia del tamaño frente al objeto. Mientras me encontraba mirando la pequeña obra, tuve la sensación de estar frente a un objeto intimo, privado, me lo sugería su tamaño y la imagen que me hacía del artista mordiendo la obra en la privacidad de su estudio. La cera, siempre tan táctil, me producía también ganas de morderla. Me dejó una gran impresión ese día.

 

Luego de mi regreso a parís, pasaron algunos días de visitas a museos y catedrales, y en algún punto, mientras en una iglesia gótica parisina, miraba la imagen de una virgen en un nicho, se me vino a la mente de forma fugaz, la imagen de la pintura mordida de Johns y la sensación cálida y placentera de estar mordiendo y mascando esa cera que se derretía lentamente en el calor de la saliva de mi boca, sabía a miel. Simultáneamente, apareció en mi mente, la palabra ¡Consolamentum! que se repetía de forma compulsiva. Sentí que esa palabra era un ancla a la relación que acababa de establecer entre la virgen y la obra devorada.
 

"Paracleto", es el nombre en griego por el cual se alude al espíritu santo, traduce literalmente “consolador”, o el que da consuelo, “aquel que acude a consolar”.

 

La consola del francés antiguo “console”, era originalmente una mesita que se ponía en la habitación de los monjes en los monasterios, donde se les dejaba, a manera de consuelo para el ayuno y el retiro, un poco de pan, vino y aceite de oliva. Esta palabra luego derivó en otras de uso cotidiano: la consola (como la consola de entretenimiento o de video juegos), y consolador (como el objeto sexual), ninguna de las cuales está muy distanciada de la función original. El consolamentum era además, un ritual sacramental que practicaban los Cátaros (herético a los ojos de la institución católica) allá por esos siglos en los que se construían “nuestras damas”, las catedrales francesas.

 

Pasaron algunos meses, regresamos a Bogotá, y un día mientras caminábamos por la séptima hacia la 26, aun aturdidos por el efecto del viaje, sentí la necesidad de parar y mirar entre los objetos que ofrecía un señor sobre una lona en el andén. Pasé la mirada con rapidez, escaneando y de repente entre todos los objetos de bronce, noté que uno brillaba con mayor fuerza. Me acerqué a mirarlo, el tipo me dijo que lo cogiera y lo viera “sin compromiso”, y cuando lo tomé en mis manos, luego de darle vueltas, por fin entendí que se trataba de una jabonera de bronce con forma de concha. No tenía en mente en ese momento el evento de la virgen que me sucedió en Paris, pero sí pensé inmediatamente en la concha de la venus (naciendo de las espumas, como las que produce el jabón) de Botticelli, y en las conchas de los nichos en los que se ponen los santos, además de la concha de Santiago de Compo(stella) (que guarda una fuerte relación con la "stella maris" o "estrella del mar" que se posa sobre la virgen), que se encuentra con frecuencia en las calles de Chartres.

 

El nacimiento de Venus es el resultado de uno de los actos eróticos más complejos e importantes. Saturno, castra a su padre Urano, y la caída de sus genitales que penetran en las aguas provocan el nacimiento de la diosa. La unión del cielo supraconsciente con la profundidad de las aguas subconscientes, producen el nacimiento, la creación. El acto erótico psíquico, da como resultado el nacimiento de la luz, el bombillo que se prende. Venus es el arquetipo de la feminidad, de lo erótico femenino, con toda su sensualidad. Es la madre, la generación, la multiplicación, la creatividad hecha forma. La diosa lunar, virgen de las aguas, antigua "Yemoja" africana, se transforma en venus cuando es penetrada y fecundada, y así, emerge como la primavera, con todo su esplendor de color y forma.

 

La creación solo puede suceder por obra del erotismo, por la conjunción de dos polos opuestos un RE y otro RE o RE[bis],[3] la unión de dos cosas opuestas. Para crear un hijo hace falta una entidad masculina y una femenina, incluso en el ámbito del laboratorio, donde una jeringa (lo masculino) penetra el ovario (lo femenino). Para crear es necesario un componente psíquico masculino que insemine al componente femenino que luego da a luz una idea que se manifiesta de cualquier forma. Eros, hijo de Venus y Marte (los opuestos), es el deseo, la chispa que da ignición al motor de la creación. 

 

Duchamp atribuía a la masturbación un alto grado de importancia, pero es necesario aclarar que la masturbación, dentro de su modelo de pensamiento cumple una función alegórica del acto de creación. El gran vidrio para mi es entre otras cosas un objeto que representa la incesante búsqueda de lo divino a través de la creación. El gran vidrio es, pienso, una alegoría de la creación, que sucede a cada instante y de forma compulsiva como el acto masturbatorio. El aspecto femenino inherente en la obra, es lo que los solteros buscan alcanzar, es el deseo que yace en una dimensión superior, es apenas intuible y pareciera que la imposibilidad de alcanzarla resultara en la imposibilidad de crear o de culminar el acto creativo[4], aunque paradójicamente, es esa misma divinidad la voluntad creadora. Ese componente femenino, la divinidad virgen, o el deseo por alcanzarla y penetrarla es lo que provee la motivación, el combustible para la creación. De tal manera que la divinidad es la causa pero también el objetivo. El orgasmo, resultado del acto erótico se convierte en un intento físico para alcanzar a la divinidad por medio del cuerpo, y en la dimensión de la mente, es la causa de la manifestación de la idea.

"Las formas más intensas de unión extática con la divinidad se describen a menudo con imágenes eróticas. ¿Por qué? Porque el sentimiento más intenso de placer en el campo de la experiencia física se conoce a través del sentido del tacto. Las formas más elevadas de unión interior con la divinidad son experiencias de contacto dichoso: quienes intentan describir esas sensaciones las representan a menudo por medio de imágenes definitivamente eróticas".[5]

Como ejemplo me parece sumamente relevante el éxtasis de Santa Teresa, esculpido con tremenda picardía por Bernini. La experiencia fue remembrada en palabras por la misma Santa Teresa: "Vía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla. [...] No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman Querubines [...]. Viale en las manos un dardo de oro largo, y al fin de el hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto."[6]

Uno de los mitos creacionales de Egipto cuenta que Atum (el perfecto, o el completo) se creó a sí mismo emergiendo de las aguas primordiales, Nu. En el comienzo no había nada más que Atum. Y luego Atum creó la nada, el aire, Shu, y la humedad, Tefnut. El mito cuenta que para crear estas entidades, Atum tuvo que recurrir a la autogeneracion. Como metáfora se utiliza la masturbación, que simboliza el acto creativo, en el cual, la mano de Atum evoca el aspecto femenino inherente en sí mismo. Al culminar el acto masturbatorio, Atum creó a Sia, la percepción y luego a Hu, la palabra primordial, el logos, que fue la palabra que Atum exclamó al eyacular. Es importante entender que no se trata de un acto de masturbación literal, sino del acto creativo expresado alegóricamente por la idea de la masturbación. Es un acto psíquico que da lugar a la manifestación de la idea; por este acto se da “a luz”. “Y se hizo la luz”, es el resultado del deseo aplicado a la conjunción de la experiencia directa (lo femenino) con la conceptualización (lo masculino), la palabra, o concepto, Hu es posterior a la experiencia perceptual, Sia; es la evocación del acto generativo que resulta en la creación de la luz. La luz existe porque podemos nombrarla, y la función de Adam Kadmón, el hermafrodita original (unión entre lo femenino y lo masculino), es nombrar las cosas en el jardín del edén. "Y el verbo se hizo carne"

 

En el caso de Duchamp, la dramatización de esta polaridad femenina inherente en él tomó un rol fundamental personificado por Rrose Selavie, nombre que puede traducirse en varias formas, entre ellas Eros es la vida (que resulta de las dos erres iniciales)[7] refiriéndose, creo, en gran medida al acto erótico que constituye la creación de la realidad conceptual.

Existe al rededor de europa una figura que se ha interpretado de numerosas formas. Se originó en la vescica piscis empleada ya en mesopotamia como símbolo de la creación y del origen del universo. La Sheela na-gig,  representación en piedra de una mujer abriendo su vulva, es un objeto sacramental que se ponía en las construcciones medievales, particularmente en las iglesias a manera de evocación del aspecto femenino de la iglesia (que usualmente es consagrada a la diosa madre), que era penetrada por el pueblo para recibir la misa. También era empleada como un elemento simbólico de la fertilidad que sobrevivió a la cristianización. Este tipo de relieves tienen una fuerte relación con la simbología de la creación del mundo, ya que son una manifestación del contenido simbólico de la vesica piscis. Han sido consideradas en algunos casos como heréticas por su contenido erótico. Las Sheela na-gig desnudan su vulva y la abren al ojo del espectador para ser penetradas. Son el portal de donde salen las aguas primordiales de las que surge la creación.

En “La Vida de las Abejas”, Maurice Maeterlinck menciona que durante sus estudios de los panales de abejas, observó que existe un tipo de “fuerza superior” que motiva todas las acciones de la comunidad, la denominó el espíritu de la colmena. Según las observaciones de Maeterlinck, las abejas se pasan su vida entera trabajando sin parar, acumulando alimento y procreando; eventualmente, un día cualquiera, cuando las larvas han adquirido madurez suficiente, todas las abejas que se han pasado sus días construyendo la colmena, sencillamente la abandonan, dejan su hogar en un acto de absoluta confianza a la nueva generación, y se retiran al mundo a morir en paz, o a fundar nuevas colmenas. Maeterlinck establece un contraste entre el actuar totalmente incondicional de las abejas, con el de los seres humanos, y comenta que el amor es la única fuerza que podría asemejarse a ese espíritu de la colmena. La cera de abejas es entonces, un símbolo, un material evocador del amor puro, incondicional, que motiva a la divinidad a proveer, y al hombre a buscarla. El amor, es el único deseo que puede finalmente, dar ignición al motor creador del universo. La cera es un material extraño que evoca la noción de unas aguas que se detuvieron en el tiempo, endurecidas. Por la aplicación del calor del fuego elemental, se derrite y regresa a su estado liquido, y por el frío se endurece y preserva. Es un material blando y duro simultáneamente, un vientre donde se gesta la larva de la abeja, por lo tanto un material maternal, incubador.

Durante nuestra estadía en París, una de las cosas que más me llamó la atención, fue el desgaste de varias de las esculturas de los santos que se encuentran en las iglesias y catedrales. Las esculturas de bronce de san Pedro por ejemplo, evidencian un notorio desgaste en la zona de los pies por el frotar de los devotos que asisten a pedir milagros. Las estatuillas de madera de San Antonio de Padua se encuentran llenas de rayones de esfero y marcador por las personas que acuden a él a pedir por el amor de una pareja. Cuando vi la primera de estas estatuas me sentí muy conmovido, pensé en las miles de personas que se acercan a los santos a diario, con la inocencia de los niños, a pedir deseos y milagros, y pensé, al ver este tipo de desgaste de las esculturas, en la idea de profanación. Los sentidos son el medio por el cual se profana lo sagrado. Con la mirada se penetra y se profana el misterio natural y la obra de arte. La percepción es la profanación de la experiencia directa, luego conceptualizada. Pero debe entenderse que no me refiero a la profanación como un acto maligno o mal intencionado, sino como el medio por el cual los seres humanos, en nuestra limitación, nos acercamos, de forma inocente, infantil, y curiosa a la divinidad que se manifiesta en las mil formas del mundo material. La profanación es el puente que permite la unión del cielo y la tierra, lo sacro con lo banal, al menos desde el punto de vista del entendimiento conceptual. Una obra de arte que no es profanada por los sentidos, es una obra inexistente, que carece de sentido y de significado, porque la única forma en que podemos crear un sentido de la existencia y de las cosas es a través del concepto que es la consecuencia inevitable de la percepción profanadora. El ojo penetra, profana y luego la mente conceptualiza, así el individuo se construye un sentido del mundo. Giorgio Agamben, en su "elogio a la profanación", menciona que sacralizar un objeto, "consagrarlo, es entregarlo a lo Divino" (la obra del artista, y que "profanarlo es restituirlo a la humanidad, al uso común" (la obra del espectador).[8]

La obra de arte nace de la acción "consagradora" del artista que opera como un medium, un hierofante[*]; este modo de actividad es el que eleva desde el interior, el estatus de un objeto al de obra de arte, un lugar alto, culto, aparentemente inalcanzable en sentido y contacto. Es el artista el encargado de consagrar[**] la obra en su hacer, ya sea por la voluntad que opera a través de él, que selecciona un orinal o un seca botellas y los transubstancia al estatus de obras de arte,  o por la acción técnica que plasma la figura o la materia sobre el lienzo. Pero es el deber, la obligación del espectador, la de profanar la obra de arte, usarla, activarla y por efecto de la profanación con los sentidos: devorarla, penetrarla, cuestionarla, significarla, interpretarla, entenderla, y en definitiva activarla, traerla de nuevo al mundo y concluir el acto de creación, que preferiblemente no debe terminar en un aborto como suele suceder con frecuencia por la infertilidad mental y espiritual del observador promedio.

La obra del mordisco de Johns, fue, y sigue siendo para mí, una pieza que manifiesta ese acto de profanación, es una obra, que de no ser por el vidrio, invitaría a sus espectadores a ser tocada por la materialidad de la cera de abejas, y en algunos casos, incluso a ser devorada.

 

[*] La palabra Hierofante se origina en dos raíces griegas, ιερός - Hieros, que significa sacro, santo, consagrado; y φαίνω - Phaino, hacer aparecer, descubrir, traer a manifestación. El hierofante es un médium, que facilita la union o re-lunion (re-ligión) entre el plano material, y el plano de la divinidad, o supraconsciente.

[**] En la actualidad, la acción sacralizadora del objeto artístico le ha sido cedida erróneamente al mercado del arte y sus representantes. Los coleccionistas deciden que es digno de ser elevado al estatus de arte dependiendo de lo que le conviene a sus bolsillos y sus intereses monetarios. Pero cabe preguntarse si el costo de una obra no es en sí mismo un aspecto profano y no sacro. El/la artista debe reivindicar sus poderes hieráticos, y recordarle al mercado que es él/ella quien decide.

[1] Hoja de coca tostada y molida mezclada con ceniza de yarumo. Es utilizada tradicionalmente por las comunidades del amazonas, como alimento, medicina, y como un catalizador de la palabra que se emplea en la transmisión de la tradición oral en la maloca.

[2] El titulo alude a una expresión usada en ingles cuando se quiere sugerir que lo que se ha dicho no es literal, y que debe ser tomado con humor o de forma figurada.

[3] "RE, ablativo de la palabra latina Res, que significa una "cosa" o "materia". De "El misterio de las catedrales" de Fulcanelli.

[4] El "Gran Vidrio" fue dejado incompleto por el mismo Duchamp. Es el espectador en el encargado de completarlo.

[5] extracto de F del T, P.F.C.

[6] Libro de la Vida. Capítulo XXIX. Fuente Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Éxtasis_de_Santa_Teresa

[7] Mauricio Cruz, charla sobre Ready Mades de la Maestria en Artes Plasticas de la UJTL

[8] Profanaciones, AGAMBEN, Giorgio, 3ra edición, Adriana Hidalgo Editora

  

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"Consolamentum" leído al revés en la "Última Cena" de Da vinci, leído según las iniciales de los nombres atribuidos a los apóstoles en "Leyenda dorada" de Santiago de la Vorágine (1230-1298). Imagen extraída de:

http://elhilodoradodeariadna.blogspot.com/2014/07/cataros.html

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Min, uno de los dioses egipcios de la creación, dios de la fertilidad suele ser representado con su mano izquierda sujetando su falo erecto. A su derecha, una linea roja (de acción) es la que conecta el cielo con la tierra

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