El Mensajero
2021

Dimensiones variables

Esta pieza es una obra colaborativa entre la comunidad Ko’revaju y Matías, resultado de meses de conversaciones compartiendo la palabra dulce, los saberes, las historias, el mambe y el ambil, con el líder comunitario Juven Piranga Valencia, la lideresa artesana Yinela Piranga valencia -ambos Ko’revaju del clan del pájaro mochilero, Pachobaju-, la artista Juliana Góngora y Claudia Ramírez directora del programa Arte Vivo de Artesanías de Colombia. Aunque la corona está hecha a la manera tradicional, su forma y su contenidio difieren de las coronas de uso ceremonial, esta es resultado del dialogo entre la comunidad y el artista.

 

En el interior de la selva de Caquetá, el abuelo de medicina Adriano Figueroa Piranga, del clan Chai’bajü -jaguar-, de la comunidad Ko’revaju, recolecta en tiempo de luna propicio el material de Ju’e -guarumo-. Esta fibra sagrada, debe ser secada y pelada en tiempos y métodos ceremoniales exactos. Al estar lista la fibra, el abuelo jaguar teje el anillo interior de la corona. Entre tanto, en Florencia, la abuela mayora del clan Karijona -buho- Marina Valencia recolecta las plumas sagradas de guacamayo que darán vuelo al pensamiento mientras, en el taller Masipai se realiza en cumare el tejido de abuelo boa que constituye el anillo exterior de la corona. Todo el proceso es acompañado de las oraciones y los cantos ceremoniales necesarios, asegurándose cada uno de los artesanos, de impregnar con pensamiento y sonido, en los diferentes elementos, el mensaje que portará este mensajero. Una corona de plumas que no debe ser usada en la cabeza, tejida especialmente para llevar un mensaje al que solo puede accederse con la inteligencia del corazón. La corona reposa sobre un montículo de Azul Egipcio, primer pigmento en ser preparado de forma sintética en la historia de la humanidad, hace unos 7000 años, cuya receta se perdió hacia el siglo V d.C. El pigmento específico sobre el cual reposa la corona ha sido preparado con arena de Egipto por el artista Matías Quintero Sepúlveda, luego de haber recuperado la receta partiendo de unas vagas instrucciones dejadas por Vitrubio en su libro “De Architectura” en el siglo I. Este pigmento es un símbolo del “gran lago -resguradado por una inmensa boa- y, que une todos los ríos” del que hablan las historias que compartió la comunidad.

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